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Papá también cría y cuida a sus hijos e hijas

Por Nonantzin Martínez

Pero esta afirmación tan lógica, como natural, no siempre sucede así. O al menos no de forma activa, como debería ser. 

Tradicionalmente, la figura masculina ha sido ‘ajena’, hasta cierto punto, al proceso de la crianza de sus hijos e hijas, y solamente ha intervenido cuando hay que ‘disciplinarlos’, debido a su papel de ‘autoridad en el hogar’ que le confería el hecho de ser el único o principal proveedor de la familia.

Afortunadamente, las cosas están cambiando. Y aunque no tan rápido como quisiéramos, hoy día se habla de que la paternidad y la maternidad implican corresponsabilidad, es decir, que tanto como papás como mamás deben contribuir de igual manera en el cuidado de los pequeños. Junto con esto, se busca que esta paternidad sea cercana y afectiva.

Cambiar estas ideas, que apenas hace unas décadas eran una ‘ley no escrita’, no ha sido fácil. Remar en dirección contraria a conceptos preestablecidos –incluido el machismo–, ha llevado su tiempo. Sin embargo, “hoy cada vez más varones se involucran de manera activa en este proceso”, considera Manuel Hernández, Doctor en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica, Director de la clínica y consultoría en Salud Emocional, Descübriéndote.

Ya en el artículo 18 de la Convención sobre los Derechos del Niño, que entró en vigor en 1990, se señalaba que “ambos padres tienen obligaciones comunes en lo que respecta a la crianza y el desarrollo del niño. Su preocupación fundamental será el interés superior del niño”.

La UNICEF, por su parte, explica que «la paternidad es la relación que los hombres establecen con sus hijas e hijos en el marco de una práctica compleja en la que intervienen factores sociales y culturales, que además se transforman a lo largo del ciclo de vida». Y agrega que la participación activa de los hombres como padres los involucra como cuidadores primarios de sus hijos e hijas y ayuda en el bienestar infantil y en la salud misma. 

Aprendiendo a ser papá

Nadie nos enseña a ser padres. De pronto, “uno va actuando de acuerdo con nuestro sentido común”. El Dr. Manuel Hernández señala que incluso “se llegan a replicar cosas que aprendimos de lo que nuestros padres hicieron con nosotros. O, por el contrario, ejercemos la paternidad buscando no hacer cosas que nuestros padres hicieron y que consideramos una falla”. 

Y ahí “nos podemos perder”, enfatiza. “La paternidad no se puede ejercer desde ahí. Tampoco puede ser en función de nuestras carencias o las experiencias que nos lastimaron y, mucho menos, desde las expectativas que les cargamos”.

La meta de la paternidad, considera el experto, “es preparar a los hijos para la vida. Formar niños y niñas que se conviertan en adultos capaces de hacerse responsables de sus acciones y sus decisiones. Hijos que, de adultos, no nos necesiten y, sobre todo, adultos con autonomía e independencia emocional”.

Su acompañamiento en las diferentes etapas de vida de sus hijos e hijas

En México hay alrededor de 21 millones de hombres que son padres, de acuerdo con los datos más recientes del INEGI. ¿Todos participan activamente en la crianza y cuidados de sus hijas e hijos? Definitivamente, no.

En el ideal de una crianza en el que la figura paterna también es protagonista. El Dr. Manuel Hernández sugiere cómo podría ser la participación del hombre en las diferentes etapas de la vida de sus hijos e hijas:

En el embarazo: Asistir a todas las consultas médicas, informarse de las cosas que van a ir pasando durante este proceso, pensar con la mamá el nombre de su futuro hijo o hija, estar ahí para darle soporte y acompañamiento emocional como una forma de vivir y compartir juntos el embarazo.

“En esta etapa se vive algo llamado ‘ambivalencia preconceptiva’, la cual hace referencia a sentimientos, emociones y pensamientos que surgen en torno al proceso de convertirse en padres, es decir, por un lado puede haber ilusión, felicidad, ganas de tener en brazos al bebé e imaginar las cosas que podrían hacer juntos; pero, por otro lado, se experimenta miedo, angustia, duda respecto a si será un buen padre, si podrá con la responsabilidad, entre otras cosas. Compartir todos estos sentimientos es algo que les puede ayudar mucho a fortalecer el vínculo como pareja parental”, agrega el experto.

Primeros meses y años de vida: Poner límites –tarea que no es exclusiva de papá, sino también de mamá– y ser sostén emocional. Esto implica aprender a identificar las sensaciones y necesidades que tiene su hijo para brindarle la cobertura de esas necesidades, con ternura, para que el pequeño reciba el alivio y la contención emocional que necesita para recuperar la calma.

Primera infancia: Enseñar modales y códigos de conducta, así como la gestión de emociones. En este periodo, enfatiza el experto Manuel Hernández, una de las cosas más importantes es ayudar a los hijos a construir una autoestima sólida: “Pensemos que en este momento de sus vida los niños aprenden a respetar las reglas de un juego, a tolerar y a perder. La forma en la que se le enseñe a adaptarse y manejar este tipo de situaciones será clave para que desarrolle confianza en sí mismo”.


El reto más grande en la educación de un hijo es saber cuándo hay que guiar, cuándo acompañar y cuándo soltar.


Etapa escolar: En la infancia, el pensamiento de un niño es concreto y funcional, lo que significa que todo lo que los adultos le enseñan, lo toman como ‘ley de vida’. Partiendo de esto, “la meta en estas edades es asegurarnos de que obtengan los mejores aprendizajes posibles”.

En la adolescencia: Hay que ser tolerantes y pacientes con los chicos y chicas, así como entender que “este proceso implica que cuestione, rete, sea crítico y tenga ‘un sentido justiciero’, porque de ahí va a definir quién quiere ser y hacia dónde va a dirigir su vida”. Ser figuras de autoridad que contengan y encaucen, en lugar de ser autoritarios e impositivos facilitará este proceso.

Foto: Freepik

Los retos de la función paterna

La familia es la base educativa y emocional de un niño. Los padres se convierten en un punto de referencia para el desarrollo de habilidades socioemocionales.  

El Dr. Manuel Hernández señala que la ausencia del padre, a nivel psicológico y educativo, se ha identificado que deriva en comportamientos como baja autoestima, carencias afectivas, problemas de conducta, entre otros. No obstante, recalca que “la paternidad no es una receta de cocina, así que no es regla que pase así siempre”.

El experto finaliza reflexionando sobre el gran reto que tienen los papás con las nuevas generaciones: “Por la confusión de conceptos que tenemos al educar, hemos incurrido en abordajes que distan mucho del verdadero sentido de la función paterna. Esto ha traído como consecuencia generaciones de jóvenes que hoy son llamados la generación de cristal, porque son frágiles, con poca tolerancia a la frustración y con falta de muchas herramientas para ser resolutivos”.

En términos de salud mental, las consecuencias son graves, ya que se han incrementado los trastornos de la personalidad, como el borderline, el narcisista, los cuadros depresivos y ansiosos: “Hay que entender que la estructura que se forma a través de reglas, normas y límites, así como asignar responsabilidades en casa y ayudar a desarrollar hábitos es muy importantes para un buen desarrollo emocional en un niño o niña”.

Saber acompañar y guiar a los hijos e hijas en el manejo de sus emociones es un gran reto que hay que asumir con responsabilidad. La paternidad se va formando en el momento en el que se le habla al pequeñito desde que está en el vientre materno; cuando se le da su biberón por las noches, mientras se le permite descansar a una mamá recién parida; al arrullarlo, jugar con él o ella y leerle cuentos; y se va desarrollando cuando revisan juntos la tarea, te interesas en sus cosas, les das contención, un buen trato y respeto, y los animas en sus pasiones. Paternidad es estar presente, acompañarlos y respetar la individualidad de tus hijos e hijas.

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Periodista y editora especializada en temas de bienestar, crianza, maternidad, estilo de vida y gastronomía. Mamá de un niño de 12 años, aprendiz de fotógrafa, foodie y apasionada de la música. Sus historias han sido contadas en revistas y sitios como Vanidades, Mi bebé y yo, Baby Creysi, La Lista, bbmundo, todobebé, Glamour, Marie Claire, Life & Style, GQ México, Good Housekeeping México, especiales de Milenio y Padres e Hijos.

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