Cuando los niños nos dicen que no quieren ir a la escuela, puede haber razones más allá de la pereza. Quizás estén experimentando algún miedo, inseguridad o problemas que necesitan atención. Aquí te contamos cómo descubrirlos y solucionarlos.
Es lunes por la mañana. Nunca, hasta hoy, habías tenido ‘problemas’ para que tu hijo se despertara para ir a la escuela, pero hoy te dice que no quiere ir al colegio. Le preguntas por qué y no te da explicaciones, simplemente te dice que no quiere. Empiezas a enlistar todas las preguntas y afirmaciones posibles: “¿Te duele algo?”, “¿Estás cansado?”, “Si tú siempre quieres ir”, “Pero si la escuela te gusta mucho”, “¿Algo te molesta?, etc.
No logras que te de una razón, y por fin sale de la cama para ponerse el uniforme. Aunque todo vuelve a la rutina, notas que no está contento. Sin embargo, entre las prisas, te centras en darle de desayunar y salir corriendo, ¡que ya se les está haciendo tarde!, y no insistes en el porqué de la actitud.
Lo dejas en la puerta de la escuela, pero te quedas pensando en lo que podría estarle pasando. ¿Cuál es el motivo para no verlo tan animado y no querer asistir a la escuela? ¿Acaso fue sólo pereza o desgano? A la salida, estarás atenta a las pistas.
Este escenario quizás no te es ajeno, pues “hay estudios que señalan que alrededor del 4% de los niños manifiestan rechazo a asistir a clases. Las causas pueden ser diversas”, nos explica el Dr. Manuel Hernández, experto en psicología infantil y Director de Descübriéndote, clínica y consultoría en salud emocional,
Entender qué hay detrás de esta negativa es clave para ayudarles a superar sus miedos y ansiedades. El experto señala que este rechazo suele ser un síntoma que no está logrando poner en palabras, pues probablemente está teniendo temor de expresarlo al adulto.
Factores como tenerle miedo a algún profesor, ser víctima de bullying –que si le pusieron un apodo, que si sus compañeros le quitan sus cosas o lo están acosando– y dificultades académicas o ansiedad por separación son razones comunes detrás de esta resistencia”.
Por ejemplo, un niño que ha escuchado comentarios negativos sobre un profesor podría anticipar una experiencia negativa y sentirse abrumado. En otros casos, puede ser que el pequeño sienta que no es bueno en alguna materia o en alguna actividad y, como una manera de evadir esa realidad, manifiesta que no quiere ir a la escuela. Incluso cuestiones como un periodo prolongado de vacaciones –o como pasó en la pandemia de COVID-19– dificultan el regreso de algunos estudiantes a las aulas.
Cómo actuar: soluciones desde casa y en la escuela
El primer paso es escuchar a tu hijo. Bríndale un espacio seguro para que pueda expresar sus miedos sin sentirse juzgado. Una vez identificada la causa, trabaja de la mano con la escuela. Hablar con maestros, psicólogos escolares y directivos puede marcar la diferencia. “Cuando el niño ve que sus preocupaciones son tomadas en serio y que hay acciones concretas para apoyarlo, comienza a sentirse contenido y más seguro”, comenta el experto Manuel Hernández y nos da los siguientes sugerencias:
- Si la escuela tiene una psicóloga o alguien encargado de estos temas, aprovecha ese recurso. Incluso puedes acercarte con la directora. La meta es buscar que tu hija o hijo se sienta apoyado y menos angustiado. Por ejemplo, si el problema es el bullying, es importante que el niño vea que, si se anima a contarlo, alguien lo escuchará y que de verdad se hará algo para detenerlo. Así se siente respaldado y sabe que no está solo en esto. Hoy en día, algunas escuelas tienen políticas de cero tolerancia al bullying. ¿Qué hacen? Citan a los papás del niño que está molestando, les piden que lo apoyen para corregir su conducta. Si el problema no es tan grave y más bien son diferencias entre compañeros, muchas veces la psicóloga o un profesor interviene como mediador. Se sientan todos a platicar y buscan acuerdos para resolver el conflicto.
- Si el problema es porque le teme a alguna maestra o profesor, por su estilo o manera de dirigirse al alumno, porque es muy estricto, tiene un tono fuerte o métodos tradicionales e impositivos, la escuela también debería tomar cartas en el asunto. El profesor puede recibir retroalimentación para que ajuste su forma de enseñar y sea más consciente del impacto que tiene en los niños. Porque claro que puede ser enérgico, pero también tiene que cuidar la parte emocional de sus alumnos.
- Si tu hijo tiene ansiedad por separación o algo más complicado, quizá sea buena idea considerar terapia.
- Cuando el problema es académico, como que alguna materia le cuesta más trabajo, los maestros pueden hacer ajustes en las clases o se puede buscar un apoyo extra, como clases de regularización o asesorías personalizadas. Todo suma para que tu hijo se sienta más seguro y pueda avanzar.
Presta atención y actúa a tiempo
Si tu hijo se rehúsa constantemente a ir a la escuela o muestra altos niveles de angustia, es momento de buscar ayuda profesional. Ignorar estas señales puede agravar el problema.
No olvides que tu apoyo y la coordinación con la escuela son esenciales para que tu hijo recupere la confianza y el gusto por aprender.
Como mamás y papás, también debemos reflexionar sobre nuestro rol. ¿Estamos minimizando sus sentimientos? ¿Estamos siendo firmes pero empáticos? Según el Dr. Manuel Hernández, debemos encontrar el equilibrio entre ser comprensivos y motivarlos a enfrentar sus miedos. “En ocasiones, una muestra de flexibilidad puede ser útil, pero también es importante enseñarles que no se pueden evadir las responsabilidades”.
Es muy frecuente que en preescolar y en el ingreso a la primaria los niños lleguen a presentar miedos, angustias y ansiedades, pero también suele suceder en la adolescencia. No debemos dar por hecho que porque el niño va creciendo, ya no experimentará temores.
Si la situación amerita un apoyo adicional, hay que abrirnos esa posibilidad de que exista un profesional que nos apoye y nos acompañe en ese proceso para hacer la mejor intervención, y que tu peque siga yendo feliz a su escuela.

