Cada año se producen más de 400 millones de toneladas de plástico en el mundo, y menos del 10% se recicla adecuadamente. El resto termina en vertederos, en los océanos y, lo más alarmante, en nuestros cuerpos.
Durante décadas, el plástico fue sinónimo de modernidad y practicidad. Bolsas, envases, juguetes, utensilios… parece que no hay límites para este material tan versátil. Pero hoy, los datos científicos nos obligan a replantearlo todo.
Además, estudios recientes han encontrado microplásticos en órganos humanos, sangre e incluso en la placenta. ¿Cómo llegamos a este punto?
Un contaminante que se queda y se multiplica
El plástico no desaparece. Se fragmenta en partículas diminutas –los microplásticos– que se cuelan en el aire, el agua y los alimentos. Hoy respiramos y comemos plástico sin darnos cuenta. En investigaciones realizadas se ha estimado que una persona promedio podría ingerir entre 39,000 y 52,000 partículas de plástico al año. Por si fuera poco, quienes beben agua sólo a través de fuentes embotelladas, podrían estar ingiriendo 90,000 microplásticos adicionales al año, en comparación con los 4,000 microplásticos de quienes consumen solamente agua de filtros.
El plástico está entre los principales contaminantes del mundo. Daña ecosistemas enteros, mata especies marinas y altera los ciclos naturales. ¿El problema? Es tan barato y omnipresente que cuesta dejarlo.
La contaminación por plásticos está asfixiando nuestro planeta
Organización de las Naciones Unidas
¿Qué podemos hacer?
Sabemos que no es fácil, especialmente para quienes criamos niñas y niños en un entorno lleno de plásticos de un solo uso. Pero pequeños cambios hacen una gran diferencia. Aquí van algunas acciones concretas:
- Elige botellas reutilizables en vez de comprar agua embotellada.
- Usa bolsas de tela y lleva tus propios recipientes cuando pidas comida para llevar.
- Evita los plásticos de un solo uso como popotes, platos y cubiertos.
- Prefiere juguetes de madera, tela o materiales reciclados.
- Compra más alimentos a granel y menos productos empaquetados.
- Muchos utensilios de cocina están hechos de plásticos que, con el tiempo y el calor, pueden liberar toxinas. ¿Alternativas más sanas y sostenibles? Madera o bambú, porque son naturales, renovables y suaves con tus ollas y sartenes. También puedes usar acero inoxidable, que es resistente, higiénico y libre de químicos. Perfecto para cocinar sin riesgos.
- Almacena sin plástico. Sí, es posible y mucho mejor. Usa frascos y contenedores de vidrio, son duraderos y no liberan químicos.
«Más de 400.000 toneladas de plástico se producen en el mundo cada año, de las cuales menos del 10% se recicla. 11 millones de toneladas acaban cada año en lagos, ríos y mares, lo cual equivale aproximadamente al peso de 2200 torres Eiffel juntas».
Organización de las Naciones Unidas
¡Desplastifícate!
Habla del tema con tus hijos e hijas y con tu entorno (familia, amigas, comunidad escolar o vecinos). A veces, un comentario puede sembrar conciencia y motivar a otras personas a cambiar hábitos también.
Recuerda que cada vez que dices “no, gracias” a una bolsa de plástico o eliges un juguete sustentable, estás sembrando un futuro más limpio para tus hijas e hijos y dándole un respiro al planeta.

