Dos etapas distintas, pero igual de intensas. La menopausia y la adolescencia pueden coincidir y volver la casa un campo de emociones cruzadas. ¿Es posible evitar o suavizar las tensiones?
Hay momentos de la vida en los que pareciera que todo se mueve al mismo tiempo. Etapas que ponen a prueba la paciencia, la empatía y, a veces, hasta el amor familiar. Uno de esos cruces ocurre cuando el climaterio (periodo de transición que se prolonga años antes y después de la menopausia) de mamá coincide con la preadolescencia o adolescencia de sus hijos, y cualquier conversación o circunstancia puede escalar a tormenta.
“En estas etapas, tanto las mamás como los hijos están atravesando procesos de cambio y adaptación”, explica la Dra. Claudia Rampazzo, médica, sexóloga clínica y psicoterapeuta. “Ambos están redefiniendo su identidad y su rol. En la mujer, termina la etapa reproductiva; los hijos, en cambio, están experimentando cambios físicos y emocionales y comienzan a establecer su independencia. Es un cruce complejo porque todos están en transición”.
Recordemos que la menopausia es el cese definitivo de la menstruación por agotamiento de la función ovárica, y se confirma tras 12 meses consecutivos sin sangrado menstrual. Antes de llegar a ella ocurre la perimenopausia, un periodo de transición que puede durar varios años y que se acompaña de síntomas como bochornos, insomnio, irritabilidad, niebla mental, ansiedad, entre otros.
Dos procesos que se reflejan
Mientras el cuerpo y las emociones de las mujeres cambian, los adolescentes viven su propia revolución hormonal: crecimiento, identidad, independencia. En ambos casos hay una búsqueda intensa de sentido, libertad y validación.
“Las mamás pueden estar agotadas, durmiendo mal, sintiendo que ya no se reconocen, y al mismo tiempo preocupadas porque su hijo no llega a dormir o no contesta el teléfono. Esta combinación puede ser explosiva”, comenta la experta.
Sin embargo, la Dra. Rampazzo explica que esta coincidencia de etapas no tiene por qué ser un campo de batalla. Puede, en cambio, convertirse en una oportunidad de crecimiento y reconexión.
“La menopausia también puede vivirse como una etapa de revalorización personal”, explica. “Con los hijos más grandes y autónomos, muchas mujeres redescubren su propio tiempo, su cuerpo y sus deseos. Hay una sensación de liberación y autoaceptación. Las mujeres pueden redefinir su identidad más allá de ser madres, reencontrarse con sus amigas, retomar proyectos o iniciar nuevos vínculos afectivos”.
Cómo encontrar el equilibrio en casa
La clave está en informarse, comunicar y acompañar. Cuando una mamá explica que está pasando por cambios hormonales, la empatía se vuelve posible. Lo mismo ocurre con la pareja: hablarlo puede transformar la convivencia.
Algunas estrategias para navegar esta etapa:
Infórmate. Comprender lo que ocurre en tu cuerpo, y en el de tus hijos, ayuda a gestionar mejor las emociones y a fortalecer la empatía.
Busca apoyo. Si los conflictos escalan o el ánimo decae, acude a un terapeuta familiar, psicólogo o psiquiatra. La salud mental también necesita acompañamiento.
Conversa con tu pareja. Explicar los cambios físicos y emocionales puede evitar malentendidos. La comprensión mutua siempre mejora la dinámica familiar.
No normalices el conflicto. Aceptar que estás en una etapa desafiante no significa resignarte. “No hay que tomarlo como una maldición ni como algo que nos merecemos. Se puede manejar con ayuda médica y emocional”, enfatiza la Dra. Claudia Rampazzo.
Una nueva dinámica familiar
Aunque los choques entre madre e hijo pueden ser intensos, porque ambos buscan su lugar y, a veces, sienten que el otro no los entiende, también pueden ser una puerta para fortalecer el vínculo. Cuando se conversa con empatía, la dinámica cambia: ya no se trata de ganar una discusión, sino de acompañar al otro en su propio proceso.
En medio de los cambios hormonales, emocionales y familiares, el desafío está en no perder de vista algo esencial: el autocuidado. Dormir bien, moverse, alimentarse, cultivar amistades y cuidar la salud mental son pilares para transitar esta etapa con equilibrio.
Al final, ni la menopausia ni la adolescencia son enemigas. Son dos transformaciones que nos obligan a mirarnos de nuevo, a soltar lo que fuimos y a crecer, cada quien desde su lugar, con un poco más de empatía y comprensión.
«No tomemos estos cambios en la interacción familiar como una maldición. Si estamos vivas, no podemos evitar la menopausia, pero sí podemos atenuar los síntomas y los vaivenes emocionales».
Dra. Claudia Rampazzo
Datos que importan
- Más de mil millones de mujeres en el mundo están hoy en menopausia o climaterio (una de cada siete personas). En México, somos cerca de 20 millones, la mayoría sin diagnóstico ni acompañamiento profesional.
- Entre 60 y 70 % de las mujeres no sabe qué ocurrirá con su salud durante esta etapa (OMS).
- Más de 40 síntomas merecen atención y respeto: bochornos, insomnio, ansiedad, aumento de peso, piel seca, caída del cabello, bajo deseo sexual.
- La sexualidad no desaparece, se transforma. Es importante atender la sequedad vaginal, la incomodidad, así como la posible desconexión emocional.
- Sin orientación médica, los riesgos de osteoporosis, hipertensión, diabetes o depresión aumentan.
- El 46 % de las mujeres confiesa ocultar su menopausia en el trabajo por miedo al estigma. Romper ese silencio también transforma.
Fuente: Foro “Habitando mi menopausia. Hablemos claro, hablemos juntas”.
El Foro “Habitando mi menopausia. Hablemos claro, hablemos juntas” tendrá lugar el sábado 18 de octubre, de 9:00 a 18:00 hrs en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México (también disponible vía streaming para mujeres de habla hispana en todo el mundo). Más información y detalles de las y los ponentes, como la Dra. Claudia Rampazzo, en: foromenopausia.com

