Comer en familia fortalece los vínculos, reduce el riesgo de obesidad, ansiedad y trastornos alimentarios en niños y adolescentes. Crear el espacio para comer juntos, sin pantallas, es una estrategia efectiva de crianza. ¡Sigue estos tips!
Por Nonantzin Martínez
Entre el «corre corre» diario, las tareas y los pendientes del trabajo, sentarse a la mesa con calma y en familia puede parecer una misión imposible de lograr. Sin embargo, si lo hacemos, al menos 3 o 4 veces a la semana, notaremos una gran diferencia en la vida de nuestros hijos y en la nuestra.
Diversos estudios han confirmado que los niños y adolescentes que comen en familia con frecuencia desarrollan mejores hábitos alimenticios, tienen más seguridad emocional, bajan sus niveles de estrés y les va mejor en la escuela. Todo eso con solo compartir el momento de comer.
Menos pantallas, más conexión emocional
Cuando nos sentamos juntos a comer, sin pantallas, damos espacio a conversaciones reales, de esas que no se logran entre prisas. Ahí es donde tus hijos pueden contarte cómo les fue, qué los hizo reír o qué les preocupa. Ese ratito de conexión, aunque dure 20-30 minutos, se convierte en un refugio emocional. Y este es un beneficio enorme que a veces pasamos por alto.
No es exageración: se ha demostrado que tener la hora de comida en familia está ligado a una mejor salud mental y menos riesgo de depresión, ansiedad o trastornos alimentarios.
Niños más sanos y enfocados
Cuando los niños comen con mamá y papá, es más probable que se animen a probar frutas, verduras y platillos nuevos. Además, aprenden a comer con moderación, a saborear y a distinguir entre hambre real y antojo.
Y no sólo mejoran su salud física: también se ha encontrado que los niños y las niñas que comen en familia tienen mejor desempeño escolar, más concentración y autoestima más alta. Comer juntos estimula su cerebro y sus emociones.
Todos ganan: no sólo ellos
Estas comidas también son un momento de alegría y vitalidad para nosotras, pues son una pausa en el día para reconectar con nuestros críos y con una misma.
«Comer juntos, al menos 3 o 4 veces por semana tiene efectos positivos en el desarrollo infantil y se ha relacionado con menores tasas de sobrepeso y obesidad, abuso de sustancias, embarazo adolescente, depresión y trastornos alimentarios, mayor autoestima y mejor rendimiento académico. Las familias que comen juntas consumen más frutas y verduras y menos frituras y bebidas azucaradas».
Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA Pediatrics)
¿Y cómo le hago si no tengo tiempo?
Sabemos que la agenda siempre está apretada, pero estos tips te pueden ayudar a planificar este importante momento del día:
- Que sea práctico, no perfecto: Lo importante no es cocinar algo espectacular. Una crema de verduras, un pollo a la plancha con ensalada, un pescado empapelado con vegetales y arroz o unos bisteces a la mexicana son más que perfectos y saludables.
- Haz equipo con tus peques: Que te ayuden a poner la mesa, a pelar una fruta o a elegir el menú. Así se involucran y aprenden.
- Planea con anticipación: Hacer un menú semanal te resolverá la vida como no imaginas. Y ten siempre un “plan B”, fácil y rápido, para los días que puedan resultar caóticos.
- Pantallas fuera: Apaga todo. Dejar los aparatos fuera de la mesa crea un espacio seguro para que todos –niños, adolescentes y adultos– puedan expresarse, compartir cómo les fue en el día, practicar la escucha activa y sentirse parte de un equipo. Aunque se enojen y repelen al principio, se irán acostumbrando. Tampoco contestes tus notificaciones del celular. ¡Pon el ejemplo!
Las comidas compartidas son mucho más que una pausa para alimentarse; también son presencia, amor y conexión. Y eso, en la crianza, es una receta infalible. ¡Todos a la mesa!

