La presión social puede pesar más de lo que imaginamos. Estas estrategias te ayudarán a detectar señales, abrir el diálogo y fortalecer la identidad de tus adolescentes.
Por Dra. Elisa González, orientadora y docente en CETYS Universidad, Preparatoria. @ps.elisagonzalez
La adolescencia es una etapa marcada por la búsqueda de identidad, el descubrimiento personal y la necesidad de pertenecer. En este periodo, los adolescentes comienzan a experimentar cambios físicos, emocionales y sociales que los llevan a replantearse quiénes son y cómo se relacionan con los demás.
Una de las situaciones más comunes en esta etapa es la presión por encajar, es decir, la influencia que ejercen los grupos de amigos, compañeros de escuela o incluso las tendencias de las redes sociales para que los jóvenes adopten conductas, actitudes o estilos de vida con el objetivo de ser aceptados.
Aunque desear ser parte de un grupo es natural y positivo en ciertos aspectos –porque fomenta la socialización, la empatía y el trabajo en equipo–, el problema surge cuando la presión por encajar se convierte en una fuente de ansiedad, inseguridad o incluso depresión.
Detectar estas tendencias es posible, y es una responsabilidad que comparten las instituciones educativas y las familias. Para ello, hay que contar con las herramientas adecuadas.
La presión por encajar puede volverse todo un desafío
Muchos adolescentes se sienten obligados a cambiar su forma de vestir, hablar, pensar o actuar para no quedar excluidos, lo cual afecta directamente su autoestima y su capacidad de tomar decisiones autónomas.
En algunos casos, la sensación de no encajar se intensifica a partir de rumores, chismes o comentarios que ni siquiera fueron expresados de manera real, pero que son percibidos como una amenaza.
Aquí entran en juego lo que Albert Ellis y Aaron Beck denominaron distorsiones del pensamiento, es decir, interpretaciones erróneas o exageradas de la realidad que llevan al joven a creer, por ejemplo, que “nadie lo acepta” o que “un comentario aislado define quién es”. Estas distorsiones generan un ruido emocional que alimenta la inseguridad y la tristeza, contribuyendo a que el adolescente viva con una constante sensación de rechazo, aunque este no exista en la realidad.
La presión social puede manifestarse de diversas maneras: desde imitar modas y estilos de vida, hasta aceptar conductas de riesgo, como el consumo de alcohol, tabaco o drogas, con tal de no ser rechazado.
Hoy en día, este fenómeno se ha intensificado con la llegada de plataformas como TikTok o Instagram, donde los adolescentes se ven expuestos a retos virales o “teams” en los que se espera que cumplan con desafíos, bailes, comentarios o posturas que muchas veces no reflejan quiénes son, e incluso los ponen en situaciones incómodas o peligrosas.
El miedo a quedar fuera de estas dinámicas digitales lleva a muchos jóvenes a actuar en contra de sus valores o preferencias, solo para ganar aceptación y no ser etiquetados como “aburridos” o “diferentes”.
Además, las redes sociales fomentan comparaciones constantes que rara vez son justas. En psicología positiva, se ha estudiado el “sesgo de punto de referencia”, que consiste en evaluar la propia vida a partir de la comparación con los logros o apariencias de otros.
Un adolescente puede sentirse insuficiente si observa que sus amigos reciben más “me gusta”, tienen más seguidores o participan en dinámicas populares que él no comparte. Este sesgo alimenta la idea de que “debería estar haciendo lo mismo para ser aceptado”, generando frustración, ansiedad y un malestar profundo con la propia identidad.
Cuando un adolescente siente que su valor depende de lo que otros piensan de él —ya sea en persona o en línea— puede experimentar tristeza, inseguridad y una presión constante por rendir cuentas frente a un público invisible. Esta situación, con el tiempo, puede desembocar en problemas más graves como baja autoestima, aislamiento o depresión.
¿Cómo detectar si tu hijo se siente presionado?
Los padres tienen un papel fundamental en esta etapa, ya que pueden detectar señales de que su hijo está siendo víctima de la presión por encajar. Algunos indicadores a observar son:
- Cambios repentinos en su comportamiento o apariencia. Si un adolescente modifica de forma brusca su forma de vestir, sus intereses o su manera de expresarse, puede estar intentando ajustarse a las expectativas de un grupo.
- Renuncia a actividades que antes disfrutaba. Abandonar hobbies o pasatiempos por miedo a ser juzgado es una señal clara de que busca aprobación externa.
- Aislamiento o irritabilidad. Cuando se siente rechazado o inseguro, el adolescente puede mostrarse más retraído, ansioso o con cambios de humor frecuentes.
- Excesiva preocupación por la opinión ajena. Frases como “¿qué van a decir de mí?” o “si no hago esto no me van a aceptar” reflejan la presión interna que experimenta.
- Conductas de riesgo. El consumo de sustancias, la participación en retos peligrosos de internet o el descuido escolar pueden ser intentos de encajar en un grupo.
Estar atentos a estas señales no significa invadir su intimidad, sino demostrar interés genuino en lo que vive y siente.
Estrategias para acompañar y fortalecer la autenticidad
El acompañamiento de los padres y cuidadores puede marcar una gran diferencia en cómo un adolescente enfrenta la presión social. A continuación, se presentan algunas estrategias con ejemplos prácticos que pueden aplicarse en casa:
- Fomentar la comunicación abierta. Crear un espacio de confianza en el que los hijos se sientan escuchados sin juicios ni críticas es clave. Una idea sencilla es proponer una tarde a la semana para compartir en familia qué fue lo que más les gustó de la semana y qué les gustaría que sucediera en la siguiente. Este tipo de dinámicas normaliza el diálogo y le permite al adolescente expresarse sin temor a ser juzgado.
- Reconocer sus logros y cualidades. Cuando un adolescente sabe que sus padres valoran quién es y no sólo lo que hace, se siente más seguro de sí mismo. Una práctica útil es anotar en un pizarrón o libreta familiar tres fortalezas o logros de cada integrante de la casa al final del mes; esto refuerza la autoestima y recuerda al adolescente que tiene cualidades únicas más allá de la aprobación de sus pares.
- Enseñar a poner límites. Ayudar a los jóvenes a decir “no” de manera asertiva es fundamental. Una estrategia práctica es ensayar con ellos respuestas sencillas frente a situaciones de presión, como: “No gracias, eso no es lo mío” o “prefiero no hacerlo, pero gracias por invitarme”. Ensayar estas frases en un ambiente seguro les da seguridad cuando se enfrentan al momento real.
- Modelar autenticidad. Los padres también son ejemplo. Mostrar coherencia entre lo que se dice y lo que se hace transmite un mensaje poderoso: ser fiel a uno mismo es más valioso que seguir a la multitud. Una forma de modelarlo es compartir con los hijos una anécdota personal en la que el adulto haya decidido ser auténtico, aunque significara ir contra la corriente, explicando cómo esa decisión lo hizo sentirse mejor consigo mismo.
- Promover actividades que fortalezcan su identidad. Deportes, artes, voluntariado o proyectos académicos pueden ayudar a los adolescentes a descubrir pasiones y talentos propios. Una recomendación es invitar al adolescente a elegir una actividad que siempre haya querido intentar y comprometerse a apoyarlo en ello al menos durante un semestre. Dar continuidad a estas experiencias refuerza su sentido de identidad.
- Educar sobre el uso consciente de las redes sociales. Hablar sobre los riesgos de compararse con ideales irreales es fundamental. Una práctica concreta es establecer un “reto familiar” para reducir el tiempo en aplicaciones de entretenimiento, como TikTok o Instagram, convirtiéndolo en una competencia sana entre los integrantes de la familia. Por ejemplo, al final de la semana pueden revisar quién pasó menos tiempo conectado y premiar con una actividad divertida elegida por el ganador. Este tipo de dinámicas no sólo ayuda a disminuir la dependencia de las pantallas, sino que también refuerza la unión familiar y muestra que todos, incluidos los adultos, pueden aprender a equilibrar su tiempo en línea.
Aún no hay estudios concluyentes sobre la forma en que las redes sociales están influyendo en la presión por encajar en la adolescencia, pero todo indica que los problemas relacionados con la pertenencia puedan tender a agravarse con su uso. Ello requiere tanto de escuelas como de los padres una mayor atención o, más bien, una mejor, más enfocada hacia estas conductas, para buscar soluciones.
Referencias:
- Beck, A. T. (1976). Cognitive therapy and the emotional disorders. International Universities Press.
- Ellis, A. (1994). Reason and emotion in psychotherapy. Citadel Press.
- Lyubomirsky, S. (2008). The how of happiness: A scientific approach to getting the life you want. Penguin Press.
- Santos, L. B. (2018). The science of well-being [Course]. Yale University. Coursera. https://www.coursera.org/learn/the-science-of-well-being

Orientadora y docente en CETYS Universidad, Preparatoria.
LinkedIn: @ps.elisagonzalez

