Los amigos influyen más de lo que imaginas en la autoestima y felicidad de los adolescentes. Aprende cómo acompañarlos, sin controlar, para que construyan vínculos sanos.
Por Dra. Elisa González. Docente en CETYS Universidad, Preparatoria
Acompañar a los jóvenes en la elección de sus amistades no se trata de controlar, sino de enseñarles a reconocer los vínculos que fortalecen su bienestar y su capacidad de amar y aprender con empatía.
Aristóteles decía que la amistad es “una sola alma habitando en dos cuerpos”. Suena poético, ¿verdad? Para él, la amistad era una de las formas más nobles de virtud, porque implicaba querer el bien del otro tanto como el propio. Sin embargo, en la vida real y especialmente durante la adolescencia, no todas las amistades reflejan esa armonía. Algunas impulsan, pero otras duelen.
Como padres o educadores, tarde o temprano nos enfrentamos a la preocupación de ver que nuestros hijos se rodean de personas que no les hacen bien. A veces lo notamos en su estado de ánimo, en su rendimiento escolar o simplemente en esa intuición que nos dice que algo cambió.
Pero, ¿cómo hablar con ellos sobre amistades negativas sin que lo sientan como una invasión? ¿Y cómo enseñarles a construir vínculos que realmente les ayuden a crecer?
Cuándo y cómo hablar sobre amistades “tóxicas”
El mejor modelo siempre es la prevención, por ello, el momento ideal para hablar de amistades dañinas no es cuando ya existe un conflicto, sino mucho antes. Estas conversaciones pueden comenzar desde la infancia, no desde la crítica, sino desde la curiosidad. Preguntarles cómo se sienten con sus amigos, qué valoran de ellos, qué cosas los hacen sentirse bien o incómodos, ayuda a desarrollar conciencia emocional.
Si notas cambios en su comportamiento, por ejemplo, aislamiento, tristeza, irritabilidad o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban, es momento de acercarte. Pero evita descalificar directamente al amigo o amiga con frases como “no te conviene ver a esa persona, no es buena para ti”, porque eso suele provocar el efecto contrario: los adolescentes se cierran y defienden la relación. Una mejor estrategia es hacer preguntas que los inviten a reflexionar:
- ¿Cómo te sientes cuando estás con esa persona?
- ¿Te sientes libre de ser tú mismo?
- ¿Sientes que te apoya o que te juzga?
Estas preguntas los ayudan a identificar por sí mismos si esa relación los hace bien o los lastima.
Enseñarles a cultivar amistades que sumen
Martin Seligman, creador de la Psicología Positiva, sostiene que las relaciones saludables son uno de los pilares del bienestar humano. En el modelo PERMA, por sus siglas en inglés –emociones positivas, compromiso, relaciones, sentido y logros–, las relaciones ocupan un lugar central, porque el bienestar no se construye en soledad, de hecho este elemento es aquel que más impacto tiene sobre el bienestar (en el Programa de Felicidad que tenemos en CETYS Preparatoria, enseñamos a los estudiantes que la amistad es también un espacio para practicar valores como la reciprocidad, la compañía, la empatía y el respeto. Les mostramos que una amistad saludable se basa en equilibrio: dar y recibir, acompañar sin controlar, compartir sin competir).
Los padres pueden reforzar esto en casa:
- Modelando con el ejemplo, mostrando cómo se cuidan las relaciones.
- Fomentando actividades donde los hijos puedan conocer personas con intereses y valores similares (deporte, talleres artísticos y culturales).
- Promoviendo la empatía y la comunicación asertiva.
Una buena amistad no sólo se encuentra: se construye con hábitos cotidianos. Y esos hábitos también se aprenden.
Cómo detectar señales de alerta
No todas las amistades negativas son evidentes. Algunas no implican gritos ni peleas, pero sí deterioran la autoestima. Por eso, es importante ayudar a los hijos a reconocer señales de alerta, como:
- Sentirse mal consigo mismos después de convivir con alguien.
- Notar que esa persona los critica constantemente o los hace sentir menos.
- Ser presionados para hacer cosas que no quieren.
- Ser excluidos o manipulados emocionalmente, puedes mencionarle frases típicas de estas situaciones como: “si no haces esto, no eres mi amigo”.
- Alejarse de otros amigos o de la familia por influencia de una sola persona.
El sociólogo Zygmunt Bauman hablaba de la “modernidad líquida”, un tiempo donde las relaciones se vuelven frágiles, superficiales y desechables. Esa misma ligereza emocional puede verse hoy en muchas amistades adolescentes, donde se confunde la cercanía con la dependencia y la atención con el control.
Enseñarles a ser buenos amigos
Tan importante como aprender a reconocer una mala influencia es enseñarles a ser una buena influencia para otros. La amistad no es solo recibir, sino también ofrecer lo mejor de uno mismo.
Podemos ayudarles a desarrollar habilidades que fortalezcan su manera de relacionarse:
- Escucha activa: prestar atención de verdad cuando el otro habla.
- Empatía: entender cómo se siente el otro sin minimizar sus emociones.
- Respeto: aceptar la diferencia sin intentar cambiar al otro.
- Agradecimiento: valorar la presencia y los gestos del amigo.
- Perdón: saber reconocer errores y reparar vínculos.
Educar en la amistad es educar en la vida. No se trata de controlar con quién se relacionan nuestros hijos, sino de darles las herramientas para elegir bien, para identificar qué vínculos los hacen crecer y cuáles los apagan.
Las amistades influyen en su manera de verse a sí mismos, en sus decisiones y en su bienestar emocional. Por eso, más que temer a las “malas compañías”, vale la pena fortalecer su criterio y confianza interna.
La verdadera amistad, decía Aristóteles, no busca el placer ni la conveniencia, sino el bien. Si enseñamos a los jóvenes a reconocer esa forma de amistad, la que impulsa, la que acompaña, la que inspira, estaremos dándoles una brújula para toda la vida.
Y quizás ahí esté una de las lecciones más importantes que podemos dejarles: que el bienestar también se elige a través de las personas que elegimos para caminar con nosotros.
Referencias:
- Aristóteles. (2003). Ética nicomáquea. Ética eudemia (J. Pallí Bonet, Trad.). Biblioteca Clásica Gredos, nº 89. Gredos.
- Bauman, Z. (2003). Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
- Seligman, M. E. P. (2011). Florecer: La nueva psicología positiva y la búsqueda del bienestar. Océano exprés.

Orientadora y docente en CETYS Universidad, Preparatoria.
LinkedIn: @ps.elisagonzalez

