Familia, Maternidad
Deja un comentario

El autocuidado como receta para la crianza efectiva 

Cuidarte no te aleja de una crianza consciente, la fortalece. Una mirada psicológica y humana sobre cómo el autocuidado impacta directamente en el vínculo, la calma y el bienestar familiar.

Por Dra. Elisa González, docente en CETYS Universidad, Preparatoria.

Desde hace varios años, hemos escuchado con frecuencia la frase “no puedes cuidar de otros si no te cuidas a ti mismo”. Pero ¿qué tan cierto es esto cuando hablamos de maternidad o paternidad?

El ritmo de vida, las exigencias laborales, la presión social y la comparación constante en redes nos han hecho creer que el “buen padre” o la “buena madre” es quien lo entrega todo, incluso su bienestar emocional.

Sin embargo, la ciencia y la psicología coinciden en algo: cuando los padres se descuidan, no sólo su salud mental se deteriora, sino también la calidad del vínculo y el modelo de crianza que ofrecen a sus hijos.

Ser madre o padre implica navegar emociones intensas: amor, culpa, cansancio, alegría y frustración, a veces todo al mismo tiempo. Pero cuando el autocuidado se posterga continuamente, por ejemplo, cuando dormir, comer con calma o tener un momento de silencio parecen lujos, el cuerpo y la mente comienzan a pasar factura.

El problema es que ese desbordamiento no se queda en nosotros. Estudios sobre estilos de crianza, como los propuestos por Darling y Steinberg (1993), muestran que la calidad emocional del padre o madre influye directamente en la forma en que educa.

Un adulto autoritativo es decir, firme pero afectuoso promueve la autonomía y la autoestima de sus hijos. En cambio, un padre agotado o emocionalmente desconectado puede volverse más irritable, punitivo o inconsistente. La salud mental, entonces, se convierte en el terreno donde germina la crianza.

Desde la perspectiva humanista, Carl Rogers señalaba que el bienestar personal se sostiene sobre la congruencia: ese equilibrio entre lo que sentimos, pensamos y hacemos.

Cuando los padres viven en una incongruencia constante, las más comunes “quiero estar presente, pero me siento saturada o saturado” y “quiero ser paciente, pero no tengo energía”, se genera un conflicto interno que afecta la autoestima. Y una autoestima frágil suele derivar en culpa o en una búsqueda constante de validación externa, incluso a través de los hijos.

Por su parte, Walter Riso introduce el concepto de autoeficacia, esa confianza en la propia capacidad para afrontar los desafíos de la vida.

La crianza, sin duda, es uno de los mayores desafíos. Cuando un padre siente que “nada le sale bien” o que “no es suficiente”, la percepción de autoeficacia se debilita, abriendo paso a la inseguridad y a decisiones tomadas desde el miedo.

Cultivar la autoeficacia no significa tener el control total, sino reconocer que, con los recursos emocionales adecuados, puedo aprender, adaptarme y mejorar. Esa certeza interior se transmite a los hijos, que aprenden que equivocarse no es fracasar, sino crecer.

Vivimos en la era de las comparaciones. La Dra. Laurie Santos, profesora de Psicología en Yale, explica el sesgo del punto de referencia, un fenómeno que nos lleva a evaluar nuestra vida no por lo que realmente es, sino por cómo creemos que debería ser, según lo que vemos en otros.

En redes sociales, este sesgo se amplifica: vemos madres perfectamente arregladas con hijos sonrientes, padres que parecen tener tiempo para todo, familias que viajan, cocinan y hacen manualidades en armonía perpetua. Y sin darnos cuenta, ese “punto de referencia” se convierte en una medida imposible.

Comparar nuestra realidad con una versión editada de la vida de otros, genera frustración, autocrítica y sentimientos de inferioridad. Nos hace olvidar que detrás de cada fotografía hay contextos, apoyos, privilegios o simplemente momentos escogidos.

Estrategias para no desbordarnos (y criar desde la calma)

La buena noticia es que el autocuidado no necesita grandes inversiones de tiempo ni recursos, lo que si requiere es una decisión consciente de priorizar el bienestar propio. Aquí algunas estrategias respaldadas por la psicología que pueden ayudarte a no sentirte desbordada y fortalecer tu salud mental:

  1. Revalúa tus expectativas. Pregúntate si lo que te exiges es realmente posible o proviene de la comparación. Ajustar tus estándares no es rendirse, es ser realista y compasiva contigo misma/o.
  1. Practica el “tiempo de oxígeno”. Dedica al menos 10 minutos diarios a ti: respirar profundamente, escribir un pensamiento, tomar una taza de café sin interrupciones o caminar. No es egoísmo, es recargar tu sistema emocional.
  1. Fomenta la red de apoyo. Criar no es una tarea individual, busca comunidad, otras madres, amigos, familiares o grupos en línea con enfoque realista donde puedas hablar sin juicio y sentirte comprendida/o.
  1. Aprende a decir no. Decir “no puedo ahora” o “necesito ayuda” no te hace menos madre o padre, te hace humano. Establecer límites protege tu energía y enseña a tus hijos el valor del autocuidado.
  1. Reconecta con el propósito. A veces, entre rutinas y pendientes, olvidamos por qué hacemos lo que hacemos. Recordar el amor y el sentido detrás de la crianza ayuda a reencuadrar los momentos difíciles.
  1. Modela la autocompasión. Los hijos aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Si te ven tratarte con respeto cuando fallas o descansar cuando estás cansada, aprenderán que cuidarse también es una forma de amor.

Tal vez sea hora de replantear la narrativa del sacrificio. No necesitamos madres y padres perfectos, sino presentes y emocionalmente disponibles. Un adulto que se cuida, que reconoce sus límites y que busca ayuda cuando la necesita, está enseñando una lección poderosa: el amor no se mide en renuncia, sino en equilibrio.

Como diría Carl Rogers, la persona que se acepta tal como es, tiene más probabilidades de cambiar positivamente. Y como complementaría Darling y Steinberg, ese cambio repercute directamente en la manera en que criamos. 

Los hijos no necesitan héroes agotados; necesitan referentes auténticos que sepan cuidarse para poder cuidar. En un mundo que glorifica la productividad y la perfección, elegir el autocuidado es un acto de resistencia y de amor. Porque cuando tú estás bien, tu hogar también lo está.

Referencias:

  • Darling, N., & Steinberg, L. (1993). Parenting style as context: An integrative model. Psychological Bulletin, 113(3), 487–496. https://doi.org/10.1037/0033-2909.113.3.487 
  • Riso, W. (2011). Pensar bien, sentirse bien: Cómo cambiar tus pensamientos para transformar tus emociones. Planeta
  • Rogers, C. (1961). On becoming a person: A therapist’s view of psychotherapy. Houghton Mifflin.
  • Santos, L. (2021). The happiness lab podcast. 

Orientadora y docente en CETYS Universidad, Preparatoria.

LinkedIn: @ps.elisagonzalez

Deja un comentario