En el Día de Reyes, además de los juguetes, llega también la oportunidad para recordarte que el juego es clave para el desarrollo de los niños, pero también para nosotros los adultos. Te contamos por qué (y te damos una breve guía de cómo elegir los juguetes).
Por Irazi Navarro Álvarez, psicóloga, educadora y consultora en desarrollo infantil e inclusión.
A veces pensamos que jugar es cosa de niños, pero la ciencia tiene años diciéndonos todo lo contrario. El juego es una necesidad humana tan básica como comer, dormir o abrazar. De hecho, no es exclusiva de nuestra especie: muchos animales juegan, incluso cuando ya son adultos, porque es una forma natural de explorar, conectar y aprender.
Por eso hoy queremos hacer una pausa para recordarte que el juego es esencial en la vida humana; no sólo en la infancia, también en la nuestra. Lo que pasa es que nuestro juego cambia de forma, ya no nos tiramos al piso con dinosaurios (o bueno, a veces sí), sino que jugamos cuando bailamos en la cocina, probamos una receta nueva, intentamos un hobby, armamos un rompecabezas o dejamos la voz en una noche de karaoke.
El juego en la adultez es autocuidado, pues ayuda a reducir el estrés, mejorar la regulación emocional y fortalecer los vínculos sociales. El juego en la infancia, por su parte, es la forma en la que ocurre el aprendizaje. A través del juego libre, los niños observan, prueban, fallan, reorganizan ideas y vuelven a intentar; justo así construyen significado sobre cómo funciona el mundo que los rodea.
El juego libre no es tiempo perdido: es tiempo ganado. Cuando les damos oportunidad de inventar, experimentar y crear sin instrucciones, fortalecemos habilidades cognitivas, sociales, emocionales y motoras que ningún worksheet o ejercicio en el cuaderno puede reemplazar.
Como dicen las profesoras e investigadoras en psicología Kathy Hirsh-Pasek y Roberta Michnick Golinkoff: “el aprendizaje más poderoso ocurre cuando los niños están activamente comprometidos, interactúan con otros y juegan con un propósito que ellos mismos eligen”.
Aunque no todos los juegos son iguales, todos promueven habilidades importantes para el desarrollo: lenguaje, pensamiento lógico, resolución de problemas y autorregulación emocional. Cuando los niños brincan, construyen torres o inventan historias épicas, su cerebro está trabajando intensamente.
Jueguen mucho, sin culpa y sin prisas
Que este Día de Reyes Magos sea un recordatorio de que el juego no es un lujo, sino una forma de conexión, aprendizaje y bienestar. Tus hijos lo necesitan y tú también. Así que juega. Mucho. Sin culpa. Sin prisas. Porque, como dice el Dr. Stuart Brown, “la ausencia de juego no nos hace más productivos, nos hace menos humanos”.
Te dejamos una guía para ayudarte a elegir sus juguetes este día especial, que combina las etapas del desarrollo infantil, los tipos de juego y la teoría de las “piezas sueltas”. Se trata de regalos que nutren el cerebro y el corazón de tus hijos.
Para los más bebés (0 a 24 meses): La canasta de los tesoros
Olvídate de los juguetes de plástico con un sólo uso. A esta edad, el mundo es un laboratorio sensorial. Crea una “canasta de los tesoros” con objetos seguros de la vida real.
El regalo perfecto: una cesta baja de mimbre o tela que contenga:
- Madera: cucharas de cocina, anillos grandes de cortina, brochas suaves.
- Metal (frío y sonido): un batidor, flaneras, llaves grandes y limpias, tapas metálicas.
- Naturaleza (textura): una esponja de mar, piñas limpias, piedras grandes y lisas.
- Tela (suavidad): pompones, retazos de terciopelo, cintas cortas.
Tip de seguridad: Supervisa siempre, ningún objeto debe caber dentro de un rollo de papel higiénico.
El corazón del juego (2 a 7 años): Imaginación y construcción
A. Para moverse (juego físico)
Los niños necesitan conocer sus límites físicos y liberar energía. Algunas ideas: tablas de equilibrio, bicicletas sin pedales, “piedras” de salto, telas grandes para hacer túneles.
B. Para construir (juego constructivo y “piezas sueltas”)
Evita los kits con una sola función. Prefiere materiales abiertos.
Algunas ideas: bloques de madera natural, una caja con corchos, trozos de madera, tubos o conchas.
C. Para imaginar (juego dramático)
Objetos neutros que permitan interpretar varios roles, no sólo un personaje de moda.
Algunas ideas: sedas de colores, utensilios de cocina reales, muñecos simples, maletines de roles (médico, limpieza, herramientas).
D. Para crear (juego artístico)
Materiales que se consumen y transforman. Valora el proceso, no el resultado.
Algunas ideas: rollos de papel kraft, acuarelas, plastilina en grandes bloques, instrumentos de percusión reales.
La sofisticación (7 años en adelante): Juegos con reglas
A esta edad, los niños entienden reglas y conceptos abstractos. El juego pasa del “yo” al “nosotros”. Aprenden a manejar la frustración, planear estrategias y respetar acuerdos.
A. Estrategia y lógica
Juegos de mesa: Catan junior, Ajedrez, Batalla naval, Rummikub.
Juegos rápidos: Dobble, Jungle Speed.
B. Juego físico y en equipo
Los deportes con balones enseñan que la regla es externa y justa.
Para practicar la puntería, dardos, que fomentan honestidad y turnos.
C. Construcción compleja
Aquí hay que seguir reglas para que funcione.
Algunas ideas: kits de robótica, circuitos eléctricos, maquetas a escala.
D. Narrativa compleja
Algunas ideas: juegos de rol o de cartas coleccionables. Desarrollan lectura, cálculo mental y negociación.
La regla de oro (y su importante excepción): «Un buen juguete es 90% el niño y 10% el juguete.»
Por lo general, si el juguete lo hace todo (canta, baila, se mueve solo), el niño se convierte en un espectador pasivo. Busca regalos que requieran que tu hijo actúe, imagine y resuelva.
Existe una excepción clave avalada por la ciencia. Para niños con discapacidad motora, sensorial o cognitiva, los juguetes reactivos (con luces, sonidos o interruptores adaptados) son herramientas fundamentales. ¿Por qué? Según investigaciones en Tecnología de Asistencia y la red LUDI (Play for Children with Disabilities), estos juguetes permiten comprender la relación causa-efecto y brindan autonomía a niños que, de otra forma, no podrían impactar su entorno. Para ellos, la tecnología no pasiviza: habilita el juego.
Referencias:
- Besio, S., Bulgarelli, D., & Stancheva-Popkostadinova, V. (Eds.). (2017). Play development in children with disabilities. De Gruyter Open. https://doi.org/10.1515/9783110522143
- Brown, S., & Vaughan, C. (2009). Play: How it shapes the brain, opens the imagination, and invigorates the soul. Avery.
- Goldschmied, E., & Jackson, S. (1994). People under three: Young children in day care. Routledge.
- Gopnik, A. (2020). The gardener and the carpenter: What the new science of child development tells us about the relationship between parents and children. Farrar, Straus and Giroux.
- Hirsh-Pasek, K., & Golinkoff, R. M. (2016). Becoming brilliant: What science tells us about raising successful children. American Psychological Association.
- Hughes, B. (2002). A playworker’s taxonomy of play types (2nd ed.). PlayEducation.
- Nicholson, S. (1972). The theory of loose parts: An important principle for design methodology. Studies in Design Education Craft & Technology, 4(2), 5–14.
- Pellis, S. M., & Pellis, V. C. (2009). The playful brain: Venturing to the limits of neuroscience. Oneworld Publications.
- Smilansky, S. (1968). The effects of sociodramatic play on disadvantaged preschool children. John Wiley & Sons.

Psicóloga, educadora y consultora en desarrollo infantil e inclusión. Fundadora de EDuniverseMX y AlohaKai Project.
Instagram: @eduniversemx

