Adolescentes, Peques
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¿Amas a tus hijos por su individualidad o proyectas tus expectativas?

Proyectar nuestros sueños en los hijos puede parecer natural, pero cuando el amor se vuelve condicionado, afecta su autoestima y hasta su desarrollo cerebral. Descubre cómo acompañarlos desde el respeto a su individualidad y sin presiones.

Por Silvia Tapia Flores, fundadora de Nidos de amor.

Hace años leí una frase que decía algo así como “quiere a tu hijo por quien es y no por quien tú esperabas que fuera”. Esta idea me hizo pensar mucho sobre cómo, a veces de forma inconsciente, vamos depositando en nuestros hijos e hijas una carga que no les corresponde.

Es natural tener anhelos y sueños para nuestros peques, pero debemos estar atentas de no convertir esos deseos en una presión invisible y constante para ellos y ellas.

Como madres, surgen expectativas: esperamos que sean responsables con sus labores en casa, que alcancen el mejor promedio o que no interrumpan conversaciones. A veces el peso es aún mayor, cuando proyectamos en ellos esas metas personales que no pudimos alcanzar o que esperamos que repliquen de nosotras. Buscamos que estudien cierta carrera o que posean características que nosotras mismas soñamos tener en algún momento de nuestras vidas.

En un deseo válido de verles triunfar, corremos el riesgo de buscar en ellos y ellas nuestros deseos y expectativas, y terminamos por limitar su esencia y lo que realmente son, simplemente por querer extrapolar en ellos nuestras propias visiones de lo que «debería ser»; nos olvidamos de que como seres humanos independientes, deberán tomar un camino propio, deseado y libre de imposiciones, para lograr ser las personas adultas plenas que queremos que sean.

Cuando el amor se vuelve condicional sin darnos cuenta

En disciplina positiva, el sentido de pertenencia es fundamental para los niños y niñas: saber que forman parte de algo, que su opinión y participación es relevante, que son importantes para su familia, para sus compañeros en la escuela, para sus amigos y amigas…

Sin embargo, si tu hijo o hija siente que debe cumplir una exigencia específica para ser valorado/a, ese sentido de pertenencia se vuelve condicional, pues entienden que sólo merecen amor o aceptación cuando cumplen con las expectativas. Esto genera mucha ansiedad, pues el niño o niña siente que el amor de mamá está en riesgo si su esencia no encaja con lo que espera mamá.

Esta presión no es sólo emocional, tiene un impacto en su neurodesarrollo. A nivel cerebral, cuando un niño o niña siente que no cumple con las pretensiones de sus padres, se activa la amígdala, el centro del miedo y la amenaza, lo que convierte a ese niño o niña en una persona estresada permanentemente, incapaz de aprender y desarrollarse.


El cerebro infantil funciona como un espejo. Si nuestros hijos se ven reflejados en nuestros ojos como «insuficientes», su autoconcepto se construye desde esa percepción. El desafío es que nosotros les reflejemos aceptación plena de su individualidad, que les permita crecer desde la seguridad y no desde el miedo al rechazo.


El verdadero desafío maternal radica en amar a un hijo o hija por quien es genuinamente, sin buscar en él o ella lo que nosotros esperamos o buscamos. No se trata de forzarlos a ser algo que no sienten o que no quieren ser, sino de acompañarlos en el descubrimiento de su propia identidad, permitiéndoles crecer sin la necesidad de complacer nuestras proyecciones.

Al final, el mayor regalo que podemos entregarles es la libertad de ser ellos mismos sin miedo al rechazo. Cuando soltamos el control y las expectativas, les guiamos para que puedan construir su propia autoconfianza y seguridad tanto en su niñez como en su vida adulta.

silvia tapia flores

Educadora en Disciplina Positiva por la Positive Discipline Association y fundadora de Nidos de amor.

Instagram: @nidos.de.amor

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