¿La crianza respetuosa es ser permisiva? ¿La disciplina positiva funciona de verdad? En esta guía resolvemos las dudas más comunes y te damos claves para educar con respeto, límites y conexión.
Por Silvia Tapia Flores, fundadora de Nidos de amor.
Cuando me convertí en mamá me encontré en una encrucijada, como estoy segura que le ha pasado a muchas otras mujeres al iniciar su camino en la maternidad. Por un lado, sabía que no quería replicar el modelo tradicional basado en el miedo, porque no encajaba con el amor que sentía por mi hija (que fue la primera); por el otro, temía que al ser «buena» con ella, terminaría criando una niña sin límites. Fue entonces cuando descubrí la Crianza Respetuosa y, con ella, la Disciplina Positiva.
¿Es lo mismo la Crianza Respetuosa que la Disciplina Positiva?
Es común usar los términos como sinónimos, pero entender la diferencia nos da mucha claridad. La Crianza Respetuosa es más un estilo de vida, una filosofía basada en el respeto y la empatía que reconoce al niño o niña como un sujeto digno de derechos. Es el paraguas bajo el cual muchas madres decidimos criar porque no da cabida a la violencia.
Por otro lado, la Disciplina Positiva es el modelo educativo práctico (basado en el trabajo científico de Alfred Adler y Rudolf Dreikurs; y desarrollado por Jane Nelsen) que nos da las herramientas concretas para aplicar esa filosofía. Si la crianza respetuosa es el qué queremos lograr, la disciplina positiva es el cómo lo hacemos en el día a día, equilibrando la firmeza con la amabilidad. Buscaré aclarar algunas confusiones:
1. La crianza respetuosa no es sólo hablarles bonito
Existe un mito que reduce la crianza respetuosa a un tono de voz suave o a usar frases bonitas y pedir todo por favor; pero la realidad es mucho más que eso: la crianza respetuosa no es hablar bonito, es respetar a los seres humanos, aunque sean pequeños. Respetar a un niño o niña significa reconocer su dignidad.
Respetar a un hijo es validar sus procesos biológicos y de desarrollo; es entender que si tiene tres años y estalla en llanto porque la galleta se rompió, no es por manipulador, es un ser humano con un sistema nervioso inmaduro que necesita corregulación, no un castigo. Cuando tratamos a un niño con la misma cortesía con la que trataríamos a un colega, sentamos las bases de su autoestima.
El respeto no es un premio que se ganan por portarse bien; sino un derecho que tienen simplemente por su propia existencia.
2. Los límites son muestras de amor y respeto
Me parece importante profundizar en una confusión común: muchos creen que la crianza respetuosa se trata de dejar que los niños y niñas hagan lo que quieran; pero eso no es respeto, sino un nivel de permisividad que se convierte en negligencia parental.
Un niño o niña sin límites se sentirá perdido o perdida. El cerebro infantil necesita estructura para sentirse seguro. La Disciplina Positiva nos enseña a ser firmes y amables al mismo tiempo. La amabilidad muestra respeto por el niño, y la firmeza muestra respeto por nosotros mismos y por las necesidades de la situación; enseñando a los peques a respetar los límtes.
La permisividad busca evitar el conflicto a corto plazo (como evitar un desborde emocional o controlar llanto), pero genera adultos con baja tolerancia a la frustración. Educar con respeto implica siempre mantener los límites mientras validamos la emoción («Sé que te divierte saltar, busquemos dónde sí puedes hacerlo, porque el sillón no es un lugar adecuado»).
3. Tu crianza de hoy marcará la vida adulta de tu peque
Vivimos en la era de las soluciones instantáneas. Queremos que el niño deje de gritar ahora mismo, pero la disciplina positiva es una forma de criar para el futuro; no es algo de resultado inmediato, como muchos esperan. Desde la neurociencia, se sabe que cada interacción está generando conexiones el cerebro de nuestros hijos.
Si usamos el miedo, activamos su amígdala (supervivencia); el niño obedece, pero no aprende. Si usamos la conexión, activamos su corteza prefrontal, donde reside la empatía y el juicio moral. Este proceso toma años.
Por eso, hay que ser constante y tener confianza para el futuro. No estamos entrenando a un niño para que sea un «buen niño» hoy; estamos guiando a un ser humano para que sea un adulto íntegro mañana. La constancia es nuestra mejor aliada cuando sentimos que «nada funciona». Confía: cada semilla de respeto que siembras hoy, dará frutos en la adultez de tu hijo.
Abajo te muestro algunos de los principales “Sí” y “No”:
| ¿Qué NO ES? | ¿Qué SÍ ES? |
| Hablar «bonito» o con voz suave todo el tiempo | Respetar la dignidad del niño como ser humano, sin importar su edad o el tono de voz. |
| Permisividad o dejar que hagan lo que quieran | Firmeza y amabilidad al mismo tiempo; los límtes son necesarios para la seguridad y el desarrollo. |
| Una técnica de resultados inmediatos | Una inversión para el futuro. Se enfoca en desarrollar habilidades de vida a largo plazo. |
| Evitar que el niño se frustre o llore | Acompañar la emoción. Validar lo que siente tu peque mientras le sostienes el límite con respeto. |
| Lograr obediencia ciega por miedo | Buscar la conexión y la cooperación; se basa en el sentido de pertenencia y significancia. |
Espero, con este texto, haber ayudado a aclarar las confusiones sobre la crianza respetuosa o la disciplina positiva. Al final, el mayor impacto que logramos al profundizar en estos conceptos es que nos convertimos en el lugar seguro que nuestras hijas e hijos necesitan para convertirse en los adultos plenos, conscientes y resilientes que el mundo requiere.

Educadora en Disciplina Positiva por la Positive Discipline Association y fundadora de Nidos de amor.
Instagram: @nidos.de.amor

