Este macronutrimento es un aliado fundamental para el desarrollo general de los niños. Te contamos cómo cubrir sus requerimientos de forma natural, variada y sin presiones en la mesa.
En la actualidad, el interés por la nutrición ha puesto a la proteína en el centro de la conversación que, con frecuencia se asocia exclusivamente con el desarrollo muscular. Pero la función de este macronutrimento en el organismo va mucho más allá; por eso, entender cómo actúa en la etapa de la niñez y cuáles son los requerimientos reales es lo que verdaderamente nos ayuda a tomar decisiones informadas y, lo más importante, sin el sesgo de las las tendencias que seguimos los adultos.
La proteína es un nutrimento esencial durante la infancia, una etapa caracterizada por el crecimiento físico constante. No obstante, sus beneficios no se limitan a los músculos; también es un componente estructural del cabello, los huesos, la piel y la sangre, explica la nutrióloga Fernanda Bores: «el cuerpo la utiliza como materia prima para formar y reparar múltiples tejidos, además de participar activamente en la producción de enzimas, hormonas y componentes del sistema inmunológico«.
¿Cuánta proteína necesitan los niños y niñas?
Las necesidades de proteína varían según la edad y la etapa de crecimiento. No es lo mismo un niño en edad preescolar que un escolar o un adolescente, ya que tiene diferentes requerimientos asociados con su crecimiento, desarrollo, nivel de actividad física y estado general de salud, enfatiza la nutrióloga Bores.
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) establecen las siguientes cantidades diarias promedio en gramos:
- 1 a 3 años: 13 gramos
- 4 a 8 años: 15 gramos
- 9 a 13 años: 34 gramos
- 14 a 18 años (mujeres): 46 gramos
- 14 a 18 años (hombres): 52 gramos
«La proteína es una necesidad real durante la infancia, pero consumir más también se ha convertido en una tendencia que no siempre distingue entre las necesidades de adultos y niños«
Nutrióloga Fernanda Bores
Diversidad en el plato y cero presiones en la mesa
La proteína se encuentra en una amplia variedad de alimentos de origen animal, como el pescado, el pollo, el huevo y los lácteos, así como en alimentos de origen vegetal, como los frijoles, las lentejas y los garbanzos. «La clave está en ofrecer una alimentación variada que permita incorporar diferentes fuentes de proteína y otros nutrimentos importantes para el crecimiento», explica la experta.
Ahora, bien, cuando los niños son selectivos con la comida, Fernanda Bores recomienda evitar que el momento de sentarse a la mesa genere tensión.
Lo esperado es no tener que batallar ni resignarnos a un menú limitado, sino aplicar estrategias que fomenten una relación positiva con los alimentos, como las que señala la doctora Claire McCarthy, pediatra y portavoz oficial de la Academia Americana de Pediatría:
- Evitar imponer que el plato limpio quede limpio. Obligar a los niños a terminar todo lo que se les sirve suele ser contraproducente. Es importante permitir que el pequeño deje comida si ya está satisfecho.
- Buscar el equilibrio a lo largo de los días. Los niños no necesitan una comida perfectamente equilibrada en cada momento del día; lo importante es lograr un balance nutricional.
- Cocinar más en casa. Preparar los alimentos en el hogar permite mejorar la calidad nutricional.
- Predicar con el ejemplo y la participación. Comer en familia siempre que sea posible motiva a los niños a probar cosas nuevas. Involucrarlos en la compra y preparación de los alimentos les enseña sobre nutrición, sentando las bases para que se conviertan en adultos más sanos.
Opciones saludables y prácticas
Ahora que hemos vuelto a la rutina escolar, la nutrióloga Fernanda Bores sugiere, para el desayuno, alimentos como yogur con fruta o avena, huevo acompañado de verduras o un sándwich con queso.
Para el lunch o las colaciones, verduras, fruta, queso o combinaciones sencillas con cereales integrales pueden ser alternativas prácticas, así como el Danonino Griego, «un lácteo pensado para niños que aporta proteína de origen natural, presente en la leche, además de calcio y vitamina D. Puede disfrutarlo solito o como una colación».
La infancia es una etapa en la que se construyen hábitos, preferencias y relaciones con los alimentos que pueden acompañarnos durante muchos años, por ello, finaliza la nutrióloga: «la alimentación tiene que encontrar un equilibrio entre lo que los niños necesitan y lo que realmente quieren comer».
Y siempre es conveniente consultarlo con el pediatra o con el profesional de la nutrición para asegurar que la dieta habitual de nuestros hijos apoye un crecimiento óptimo.
«En los últimos años han ganado visibilidad los productos con alto contenido de proteína, pero eso no significa que todos los niños necesitan aumentar indiscriminadamente su consumo. La innovación infantil debe partir de las necesidades propias de cada etapa, no de trasladar automáticamente las tendencias del mundo adulto».
Fernanda Bores, nutrióloga.

