La salud de nuestros hijos e hijas es uno de los temas que más nos ocupa y preocupa a mamás y papás. Afortunadamente podemos contar con el apoyo de los pediatras. ¿Sabes cómo encontrar al mejor para tu peque?
No sé ustedes, pero nosotros estamos encantados con el pediatra de nuestro hijo. Desde el primer momento que pusimos la salud de nuestro pequeño –a sus seis meses– en sus manos, hemos sentido la confianza y acompañamiento en cada una de las revisiones que le ha hecho.
Nuestro hijo ya tiene 9 años, así que ya se imaginarán todo lo que hemos pasado con este especialista, considerando que, afortunadamente, no es enfermizo ni ha requerido intervenciones serias: revisión de todas las vacunas y aplicación de las que no se ponen en el Sector Salud (varicela e influenza, después de los 6 años), episodios de fiebre, gripas, dolores de panza, de cabeza, mediciones de peso y talla, certificados médicos escolares y, por si fuera poco, ¡una pandemia!
Todas sus indicaciones fueron tan honestas y precisas en los tiempos críticos del COVID-19, lo que nos dio la tranquilidad que necesitábamos escuchar, sobre todo cuando llegó el momento en que reabrieron las escuelas.
Ahora que entre a la pubertad y adolescencia, el seguimiento de su salud será crucial, y hasta que él nos lo indique, no lo soltaremos. En verdad es un alivio poder escribirle por WhatsApp o hacer una cita y saber que está ahí cuando lo necesitamos.
Tips para escogerlo
La Dra. Leticia Arce Fernández, médico pediatra intensivista del Centro Médico Siglo XXI del IMSS nos da estas recomendaciones para los nuevos padres, para quienes andan en busca de uno y también para aquellos que quieren cambiarlo:
- Debe contar con el título de Medicina General y Pediatría. De preferencia que sea un médico de tiempo completo y accesible, con actitud de servicio, interés por el desarrollo y cuidado del niño y adolescente y, algo muy importante, que esté en actualizándose continuamente.
- La relación con el niño o niña o sus padres debe ser armónica, gentil y con suficiente confianza, para que esto le permita hacer el diagnóstico de la forma más eficiente. El diagnóstico correcto de un paciente comienza con un adecuado interrogatorio a los padres, independientemente de las habilidades del médico como observador,. La comunicación debe ser efectiva y, al mismo tiempo, concluyente.
Si la relación médico-familiar-paciente se pierde, significa que no hay una información adecuada hacia los padres y niños, que la información no se dio de manera clara y oportuna o que existe la sensación de un tratamiento insuficiente, estas son señales suficientes para cambiar a otro especialista.
- Debe ser paciente y tranquilo, atributos primordiales cuando se trata de atender a niños y niñas.
- Debe ser flexible y lleno de energía. La salud de los niños no tiene horarios, así que es necesario poder trabajar de forma irregular en varias ocasiones.
- Debe ser organizado y experto en mantener registros. Esto es clave para poder delinear el desarrollo de los niños. La organización garantiza un alto nivel de cuidado médico e infunde confianza en los padres.
- Debe ser fuerte a nivel emocional, así como estar en formación continua, a la vanguardia de las nuevas tecnologías e investigaciones. Esto contribuye a mejorar el grado de atención, pues lo que se debe de buscar es la excelencia.
- Debe estar abierto al diálogo y comunicarse de forma clara y precisa, sin rodeos, según a quien se está dirigiendo.
“Sea cual sea el padecimiento de nuestro hijo o hija, debemos estar abiertos al diagnóstico, a la información que se nos proporcione y decidir el manejo sin manipulación, siempre considerando que el médico va a buscar la salud para los menores y que cuenta con la preparación suficiente para el tratamiento necesario”, recomienda la Dra. Leticia Arce Fernández, médico pediatra intensivista.
¿Qué haríamos los papás y mamás sin los pediatras? Definitivamente son un apoyo fundamental en este bonito proceso de la vida llamado crianza.

