Peques, Vacaciones
Deja un comentario

Accidentes de verano: Qué hacer y qué no hacer ante cortadas y raspones

Los raspones en verano son, prácticamente, inevitables. Afortunadamente la mayoría se resuelve en casa sabiendo cómo actuar en esos primeros minutos.

Por Mamarama

¡Por fin se acabaron las clases! Ahora llega el tiempo de salir en bici, usar los patines, jugar con balones y hasta sacar lo inimaginable para convertir la sala de la casa en pistas de obstáculos. Sin duda es la mejor época para nuestros niños y niñas, pero con tanta energía desbordada, los raspones y las caídas son, prácticamente, inevitables.

Un rodillazo en el parque o una cortada chiquita mientras hacen sus manualidades son el pan de cada día en estas fechas. Lo bueno es que casi siempre son heridas muy leves. Para que no entres en pánico, debes saber cómo reaccionar en el momento exacto y, sobre todo, tener clarísimo cuándo sí toca llamar al pediatra o salir a urgencias.

Tranquila, primero respira y revisa la herida

Nuestro instinto de mamá nos hace querer detener el llanto y la sangre en un microsegundo, o pegar un curita mágicamente para que pase el susto. Pero antes de actuar, tómate unos segundos para ver bien qué pasó.

Si bien tener un botiquín es el primer gran paso para resolver estos contratiempos, con tenerlo no basta; la clave está en saber usarlo. Carol Serna, líder clínica Essity Health and Medical, a través de su marca Leukoplast, señala que muchas heridas domésticas parecen menores, pero la forma en que se atienden al inicio es muy importante: «Limpiar correctamente, cubrir con un apósito especializado y observar cómo evoluciona, son pasos simples que ayudan a proteger la zona y acompañar mejor la recuperación”.

Por eso, antes de hacer cualquier cosa, analiza rápidamente estos puntos clave:

  • ¿El raspón se ve muy por encimita o está profundo?
  • ¿Deja de sangrar después de un ratito de hacer presión?
  • ¿Se le quedó enterrada alguna astilla, piedrita o cristal?
  • ¿Puede mover el brazo o la pierna sin que llore a gritos?

Acude de inmediato con un profesional de la salud si notas que el sangrado es persistente, el dolor es demasiado intenso, hay cuerpos extraños incrustados, la quemadura es extensa o ves signos de infección.

Agua limpia y cero remedios caseros

1. Olvídate de los remedios caseros y de las sustancias abrasivas para «cerrar» la herida, porque sólo irritarán la piel o la pueden infectar.

2. Para un raspón normal, lo único que necesitas es lavar con agua potable a chorro para barrer con la tierra y el polvo.

    3. Seca a toquecitos. Ya que está limpia, seca la zona dando toquecitos muy suaves con una gasa limpia. Cero fricción. Si le tallas el raspón, lo vas a lastimar más, le va a arder y podrías volver a abrir la piel. (Ojo: evita el algodón porque suelta pelusitas que se quedan pegadas).

    4. Tapa la herida. Al dejarla «al aire para que seque» puedes exponerla al polvo, a la mugre del parque y al roce de la ropa. Mejor protégela con un apósito o curita. Busca los que son flexibles, de protección adecuada, impermeables, así como las opciones con tecnología antimicrobiana, para que tu hijo pueda seguir jugando sin problema. Si el golpe fue en zonas de uso rudo (rodillas, codos o manos), revísalo de vez en cuando para confirmar que el parche siga limpio y en su lugar.

    5. Revísala los días siguientes. Lo normal es que un raspón vaya sanando solito. Acuérdate de cambiarle el curita si se moja, se llena de tierra o ya se está despegando.

    Cualquiera de las siguientes señales es un aviso de que toca escribirle al doctor. Mantente atenta por si notas que:

    • Se pone muy rojo alrededor de la herida.
    • Se inflama o se siente caliente al tacto.
    • Le sale secreción o tiene mal olor.
    • El dolor, en lugar de bajar, aumenta.
    • Le da fiebre a tu peque.

    El botiquín salvavidas del verano

    Antes de salir de viaje y de que los juegos se pongan rudos, date cinco minutos para armar o actualizar tu botiquín en casa y en tu bolsa de mano con:

    • Gasas estériles.
    • Curitas o apósitos de diferentes tamaños.
    • Vendas y cinta micropore (hipoalergénica si tienen piel sensible).
    • Solución fisiológica o antiséptica para limpiar heridas.
    • Tijeras de punta redonda.
    • Guantes desechables.

    Aunque quisiéramos evitarles las heridas y cualquier tipo de accidente clásico de la niñez, las vacaciones están hechas para que se ensucien, corran y descubran el mundo.

    Los raspones son gajes del oficio de ser niño. La idea no es tenerlos en una burbuja, sino darles la libertad de jugar sabiendo que, si algo pasa, nosotras sabemos mantener la calma y actuar de la mejor manera.


    Cosas que no ayudan y que es mejor evitar:

    • Soplarle al raspón (porque le dispersamos bacterias de nuestra boca).
    • Tocar la herida con las manos sucias.
    • Ponerle pomadas que no te haya indicado tu pediatra.
    • Ponerle el curita o apósito encima sin haber lavado antes.

    Deja un comentario