Hasta uno de cada tres niños en edad escolar en México ha vivido este problema. Te explicamos cómo manejar el contagio, cuidar las emociones de tu peque y prevenir futuros brotes.
Por Nonantzin Martínez
Dentro de la vida escolar hay temas que siempre catalogaremos como el verdadero «terror de las mamás». No hablamos del desempeño académico, sino de esos «infartos cotidianos», como descubrir un día cualquiera por el chat, por un correo o por la propia criatura que alguien en el salón tiene piojos.
Si de solo imaginar el escenario ya te empezaste a rascar la cabeza, te damos un poco de paz. La pediculosis –el término médico para los piojos– es más común de lo que parece. En algunas comunidades escolares de México se alcanzan prevalencias de hasta el 33%, es decir, uno de cada tres niños tiene o ha tenido este problema.
Y no, no se debe a una mala higiene o porque nuestras criaturas o nosotras hayamos sido descuidadas. Esto, en realidad, es porque los piojos necesitan una cabeza humana para alimentarse, y su principal vía de transmisión es el contacto cercano. Entonces, las niñas y niños que juegan juntos, se abrazan o tienen contacto físico frecuente, cabeza con cabeza, tienen más posibilidades de que un amiguito/a con piojos se los comparta, nos aclara el Dr. López Carrera, dermatólogo pediatra: «los piojos no vuelan ni saltan, pero sí caminan y se pasan a la cabecita que encuentren disponible». Tampoco vienen de los perros o gatos.
Por supuesto, cuando esto sucede, empiezan las preguntas y el chat escolar explota: ¿Quién fue el que empezó con el contagio? ¿Cómo pasó? ¿Ya revisaron a todos? ¿Tendrá que faltar a clases? Por si fuera poco, “tener piojos es una de las situaciones con más estigmas sociales en la infancia”, explica Regina Asencio, pedagoga y neuropsicóloga, quien ha trabajado como directora escolar. Y nos lo cuenta desde su experiencia, pues reconoce que incluso ella llegó a pensar que la razón por la que una niña que tenía piojos era por un descuido en casa.
Actúa pero manteniendo la calma
Antes de que la ansiedad te gane, el dermatólogo pediatra nos dice que esto tiene solución y que, incluso, se puede prevenir. También es importante que sepas que no siempre todo lo que pica se debe a los piojos. Si bien la comezón es uno de los síntomas más conocidos, esta no basta para confirmar una su presencia. El especialista advierte que también puede deberse a una dermatitis seborreica, tiña u otros problemas de la piel cabelluda, así que si hay dudas lo mejor es consultar con un especialista.
Pero cuando la sospecha ha crecido y/o en el salón ya se confirmó el brote:
- Primero, asegúrate que realmente se trate de piojos. Revisa bien detrás de las orejas, en la nuca, cerca de la piel cabelluda y si existen pequeñas liendres firmemente pegadas al cabello de tu hijo/a.
- Después, revisa al resto de la familia.
- Si es positiva la presencia de piojos, empieza un tratamiento y repite según la vida del piojo y tratamiento utilizado.
- El piojo pasa por tres etapas: liendre, ninfa y adulto. Entender este ciclo es importante porque una parte de los huevos puede eclosionar después del primer tratamiento. Por eso, dependiendo del producto utilizado, puede ser necesario repetirlo a los siete o 10 días. Además, hay un instrumento clave llamado lendrera, que es un peine especial, preferentemente metálico y con dientes muy juntos, que ayuda a retirar piojos y liendres.
Lo que NUNCA debes hacer:
- Rapar a tu hijo o hija.
- Recurrir a remedios caseros, ya que muchos pueden ser peligrosos.
- Fumigar o aplicar insecticidad por toda la casa.
- Tirar colchones.
- Y mucho mensos exhibir al niño en el grupo de WhatsApp de la escuela.
Lo que sí es conveniente hacer es limpiar peines y cepillos y lavar los objetos que hayan estado en contacto cercano con la cabecita.
El problema no termina en la cabeza
La comezón, irritación y lesiones por rascarse son parte de la historia de los piojos, pero los efectos pueden ir más allá, como señala el Dr. López Carrera: “Hay algo que se llama presenteísmo, que es cuando el menos está sentado en el salón, pero no está realmente ahí porque está concentrado en la comezón, la incomodidad o la preocupación».
Tener piojos, además, puede ser motivo de ausencias escolares, preocupación familiar y de burlas y rechazo. La neuropsicóloga Regina Asencio explica que muchas veces ese temor de alumnos y padres de familia termina convirtiéndose en bullying y aislamiento.
La solución nunca será esconder al niño ni buscar culpables en el chat, sino atender la infestación desde la empatía. Una revisión frecuente del cabello ayuda a detectar el problema antes de que crezca a nivel físico y emocional. Y si la escuela recibe el aviso de un caso, lo ideal es activar protocolos de prevención discretos para que los alumnos sigan conviviendo sin cargar con la vergüenza, recomienda la neuropsicóloga.
Un niño con un problema de pediculosis necesita que un adulto lo revise, lo atienda y le explique qué está pasando. No necesita que lo señalen. Tener piojos no significa que una persona es sucia o diferente.
Aprender y prevenir en familia
Para quitar el miedo y los estigmas al tema de los piojos, Herklin acaba de lanzar un Movimiento Nacional Preventivo contra la Pediculosis para sensibilizar a las familias sobre el verdadero impacto de los piojos. A la par, presentaron un spray repelente de uso diario que resulta una excelente herramienta preventiva si ya te enteraste que andan rondando casos en el colegio o en tu círculo cercano.
A este esfuerzo de informar sin estigmas se sumó el Papalote Museo del Niño con Pelópolis, una experiencia interactiva que aborda el tema desde el juego. Si andan buscando un buen plan infantil en la CDMX, vale la pena darse una vuelta. Los niños entran a una ciudad diminuta a escala de un piojo, rodeados de peines, diademas y cepillos gigantes, donde participan en un reto para detener una infestación mientras aprenden a clasificar el ciclo de vida de estos bichitos.



La exhibición estará abierta hasta septiembre de 2027 y es un gran pretexto para aprender juntos y recordar nuestra regla de oro frente a la pediculosis. Los piojos se tratan y se quitan, pero la autoestima de nuestros hijos se cuida y se protege.

