Entre lo que necesita uno, lo que decide el otro y los pendientes que se acumulan, la logística familiar exige mucho. Estos ajustes pueden ayudarte en tu día a día.
Por Nonantzin Martínez
Tener un hijo en primaria y otro en secundaria es, básicamente, vivir en dos dimensiones al mismo tiempo. Por un lado, tienes al peque que todavía necesita que le revises la mochila, le recuerdes dónde dejó el suéter y lo acompañes en sus tareas; por el otro, al adolescente que vive en otro mundo, con trabajos en equipo, entrenamientos, actividades por la tarde, el «bendito» celular y una necesidad brutal de independencia.
Si a eso le sumas tu trabajo, el súper y los mil pendientes de la casa, obviamente sentir que todo el día estás apagando fuegos es de lo más normal.
“Entre la hora de entrada de la grande a la secundaria y la del chiquito en la primaria, siento que corro un maratón diario, literal. A veces me siento al borde del colapso pero, claro, no puedo ni darme permiso para eso», nos cuenta Mariana, mamá de dos, de 9 y 13 años.
¿Hay algo para evitar el desgaste? Parece que no, pero sí. Quizás la «fórmula» no está en que tú tengas mejor memoria, más energía ni en que te conviertas en una malabarista profesional. Se trata de soltar el papel de «asistente personal de la familia» y armar un equipo donde todos participen. Te dejamos algunas ideas prácticas que pueden ayudarte a lograrlo:
Traza un mapa
Si los horarios de todos viven en tu mente, vas a fracasar. Necesitan un espacio común donde se vea claramente quién va a dónde, cuándo hay exámenes, juntas, partidos o citas médicas. Puede ser un pizarrón en la cocina o un calendario digital compartido. Lo importante es que la información esté a la vista de todos y no dependa de que tú recuerdes absolutamente todo.
Prepara un plan para que todos hagan su parte
Obviamente no le puedes pedir lo mismo a un niño de primaria que a uno de secundaria, pero ambos pueden y deben aportar. El de primaria puede encargarse de preparar su mochila y su ropa la noche antes. El adolescente ya está en edad de responsabilizarse de sus entregas, sus tiempos y de avisarte con anticipación si necesita que lo lleves a algún lado. Dejarles hacer su parte ayuda a todos y los enseñarles a valerse por ellos.
Delega responsabilidades con tu pareja y red de apoyo
¿Quién lleva a quién? ¿A qué hora hay que recoger al otro? Si tienes pareja, es momento de sentarse a hacer cuentas reales de los trayectos y dividir responsabilidades de forma justa. También puedes echar mano de tu red de apoyo de afuera, es decir, pedir apoyo a los abuelos, tíos o, incluso, a otras mamá de la escuela si algo se te atraviesa. Delegar no te hace menos capaz, ¡te hace más cuerda!
Organiza una pequeña junta semanal con todos
Suena a oficina, pero puede ser el salvavidas que necesitas. Una vez a la semana, agenden una junta –puede ser con heladito y café para los grandes– y siéntense a revisar lo que viene la semana que entra. ¿Qué días van a estar más pesados? ¿Qué necesita cada quien? ¿A dónde hay que moverse? Involucrar a los hijos en la planeación les ayuda a entender que la casa no corre sola y que los tiempos de todos importan.
Dedícale tiempo a cada uno, por separado
Cuando los hermanos están en etapas tan distintas, es muy fácil que la atención se la lleve el que hace más ruido o el que más necesita. Intenta regalarte y regalarles de cinco a diez minutos reales (o más) con cada uno al día: una plática en el coche sin música, un postre improvisado o un ratito antes de dormir sólo para escuchar cómo les fue.
Suelta y permite el caos
Una agenda sobrecargada es una bomba de tiempo, así que mejor llévatela leve, lo cual significa que dejes huecos libres y que aceptes que a veces los planes cambian y que no es algo de vida o muerte si no se llega a todo.
Criar a hijos en mundos tan diferentes es un reto gigante, pero también una gran escuela. Todo toma su cauce tarde o temprano (esperemos que más temprano que tarde), pero recuerda que la verdadera organización familiar es aquella en la que todos reman para el mismo lado.
«Aunque el tiempo no se puede detener, se puede aprovechar. Hay alegría en nuestros días cotidianos. En estos días se forjan relaciones para toda la vida. Tu legado se forja en estos días. Aprovecha el tiempo que tienes. Disfruta la etapa que estás viviendo».
Rebecca Eanes, autora de El don de una madre feliz y Crianza positiva: una guía esencial, entre otros libros.

