Bebés
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Convertirse en mamá en tiempos de pandemia

Por Nonantzin Martínez

El año más difícil para la humanidad de los últimos tiempos lo estamos viviendo hoy. Tan complejo y devastador ha sido 2020 que muchos quisieran borrarlo del calendario. No obstante, muchas historias de vida y esperanza se han entretejido en medio del caos: los nacimientos de millones de niños y niñas en todo el mundo. Una estimación de UNICEF señala que serán «alrededor de 116 millones los bebés nacidos bajo la sombra de la pandemia de COVID-19».

Por eso, en el último mes del año, Mamarama presenta los testimonios de mujeres que hoy son mamás de bebés que abrieron los ojos en un mundo distinto al que conocíamos y que han pasado sus días resguardados, muchos sin tener contacto con el resto de sus familia, en espera de que la situación cambie con la llegada de las vacunas y de acciones globales que logren mitigar los contagios. También tenemos las vivencias de una futura mamá que continúa en su etapa de embarazo y que verá nacer a su pequeño en febrero próximo.

Ellas y sus hijos dan esperanza y luz a este mundo en medio de la tormenta. Valentía y fortaleza son los estandartes con los cuales caminan estas guerreras, que nos recuerdan, a través de sus historias que, a pesar de las circunstancias, existen motivos para ser felices.

DÉBORA MOLINA, 42 AÑOS. MAMÁ DE RENATO, de UN MES Y MEDIO, y de Luciano, de 2 años y medio.

«Me embarace al inicio de la pandemia, en los primeros días de marzo. Fue una emoción increíble y maravillosa saber que tendríamos a nuestro segundo hijo, pero no teníamos idea de todo lo que venía. Tuve una perdida anterior a este embarazo, y fue muy duro superarlo, por lo que esta noticia era muy esperada y nos causó una alegría inmensa. Prácticamente vivi toda esta etapa en casa, sin poder ver a casi nadie; solo tenía contacto con mi mamá y mis hermanos. Mis amigas y mucha familia no me vieron embarazada, lo cual fue muy raro. Este embarazo fue totalmente distinto al primero y extrañé mucho no poder compartir nuestra felicidad; pero nuestra realidad fue muy hermosa también, ya que decidimos disfrutar y vivir a plenitud. Emocionalmente me sentí positiva y llena de ilusión. Yo tenía la creencia de que para el tiempo del parto esto ya habría acabado, por lo que no tuve pensamientos negativos de miedo ni incertidumbre.

El momento del parto. Empece a fluir con lo que nos estaba tocando vivir. Mi realidad era muy bonita, ya que teníamos salud –lo más importante– y mi esposo estuvo todo el tiempo en casa, lo cual no hubiera podido ocurrir sin la pandemia, por lo que en el fondo yo estoy muy agradecida por ello. Me preparé con muchos cursos en línea y seguí la información que los médicos nos iban dando. Mi parto se adelantó, inesperadamente, un mes, y eso sí me causó miedo, ya que no sabía que pasaría. Una vez más la vida me enseñó que una puede planear muchas cosas, pero al final no sabes cómo serán. La situación en el hospital fue muy buena, pero no pude preparar letrero para el bebé, no recibí a nadie ni pensé en tener algo lindo para recibir visitas. Fue muy distinta pero no fea. De alguna manera aprendí a estar en comunicación con todos mis seres queridos a distancia; pasar todo el tiempo con mi esposo y mi bebé en el hospital nos permitió disfrutarnos muchísimo. Esta es la parte que rescato de todo y la convierto en algo muy especial.

La incertidumbre de la situación. Agradezco con todo mi corazón a mi esposo, mis papás y hermanos estar siempre junto a mí, de manera virtual y presencial. Tuve un pequeño baby shower, el cual no me dejó sentir que no hubo festejo para mi nuevo bebé. Platicar mucho con mi hijo me ayudó a sobrellevar la incertidumbre. Considero que haberlo tenido en esta época lo hace un bebé especial, pues llegó con mucha fuerza para demostrarnos que ante cualquier dificultad siempre hay algo bueno.

Enseñanzas. Ahora valoro más cada segundo de vida. Aunque pasamos días difíciles, no paro de agradecer que mi bebé y mi familia están bien, y que nos amamos como siempre, pero que estamos más unidos que nunca a pesar de la distancia.

Cada cosa que pasa en nuestras vidas es por algo que elegimos, y eso nos deja ver si lo hicimos bien o mal. Tengo claro lo que deseo y doy gracias por cada momento. Pienso que hay que dejar de darle importancia a muchas cosas que nos quitan tiempo en la mente y que no son necesarias para darle espacio a las maravillas que la vida tiene y nos da. Ahora soy más agradecida que nunca con mi vida y con las personas que me rodean. Hay que sentir y disfrutar cada segundo de la vida, y dejar de pensar en lo que no tenemos».


Monserrat Méndez Aguirre, 34 años. Mamá de Alondra, de 2 meses.

«Al inicio de mi embarazo me sentí preocupada por pertenecer a un grupo de riesgo que me hacía más vulnerable en esta etapa. Aunque sabía que me tenía que cuidar mucho más, esta situación me brindó la oportunidad de llevar mi embarazo tranquila, resguardada en casa, porque desde marzo mi trabajo me permitió hacer home office. 


El momento del parto. Me di a la tarea de leer sobre las medidas de prevención y precauciones que debía tomar e investigué con anticipación los hospitales más seguros para poder dar a luz. En cuanto a las compras necesarias para poder recibir a mi bebé, tomé la alternativa de hacerlo por Internet. Incluso encontramos la forma de tener un baby shower virtual para poder compartir esta bonita etapa con nuestros familiares y amigos más cercanos.  

Sobrellevar la incertidumbre. Estuve muy bien asesorada y monitoreada por mis médicos, quienes atendían mis dudas y me hicieron sentir segura respecto a que todo saldría bien. Fue muy importante el apoyo incondicional de mi familia y amigos, quienes siempre estuvieron al pendiente de nosotras, cuidándonos. 

Enseñanzas. En general, la situación de pandemia que estamos viviendo me ha hecho sensibilizarme y valorar mucho más mi salud, la de mi familia y amigos, y apreciar mi entorno, pero sobre todo ha crecido mi instinto protector con mi bebé. Agradezco cada momento con ella, verla crecer y cuidarla.

Ser mamá es un aprendizaje continuo y una alegría ante cualquier situación o circunstancia. Poder generar vida es algo increíble, porque en esta etapa mi cuerpo tuvo cuatro manos y cuatro piernas, dos corazones y dos ADNs distintos. Es cierto aquello de que el alumbramiento es la única cita a ciegas donde sabes que conocerás al amor de tu vida». 


Bárbara Martínez, 38 años. Mamá de Matías, de 5 meses. 

«Quedé embarazada en septiembre de 2019. Fui la más feliz al enterarme que estaba embarazada, pues era algo que me hacía mucha ilusión pero que había postergado porque antes quise disfrutar la vida al máximo –vivir en otro país, viajar por el mundo, experimentar otras culturas–. Vivimos en Playa del Carmen y en el mes de marzo la pandemia ya estaba haciendo ruido por estos rumbos. Empecé a sentir preocupación y ansiedad y tuvimos que cancelar nuestra baby moon a Miami para hacer confinamiento. No me quería arriesgar, quedar infectada y no saber qué efectos podría traerle a mi bebé. Llegué a pensar que para cuando fuera a dar a luz, en junio, el COVID-19 sería cosas del pasado, ¡qué equivocada estaba!

El momento del parto.  Traté de llevar una vida lo más sana y activa dentro de la «nueva normalidad». Hice ejercicio en casa viendo tutoriales, asistí a cursos en línea de preparación al parto y ví todos los videos posibles para futuras mamás primerizas y así poder estar preparada para la llegada de Matías. Transcurrían las semanas y el confinamiento se extendía más días. Llegó el momento en que supimos que solo íbamos a estar mi esposo Víctor y yo en el parto. Mi familia vive en la Ciudad de México y en Puebla, y la familia de Víctor en España, así que era imposible que vinieran. Nos mentalizamos en que solo seríamos los dos y que todo iba a estar bien. Fue un parto largo, ya que decidí que Matías naciera por parto natural. Me lo tuvieron que inducir con medicamentos, ya que llegamos a la semana 41.  Fueron un total de 48 horas desde que me tomé el medicamento hasta el nacimiento de Matías. Víctor siempre estuvo a mi lado, apoyándome en todo.

Sobrellevar la incertidumbre de la situación. Víctor y yo siempre tuvimos el apoyo de  mis papás, hermana, tías, primas, suegros, cuñados y amigos. Siempre nos animaron por mensajes y videollamadas. Cada semana les compartía una foto del crecimiento de mi pancita . Llevamos la situación con calma y muy positivos y seguimos todas las normas de seguridad e higiene; nos cuidamos al máximo, solo salíamos a lo indispensable, como las visitas al doctor. Víctor salía a las compras urgentes, pero la mayoría de las cosas las hacíamos por Internet. La situación cambió radicalmente después de haber dado a luz: Matías nació con una cardiopatía congénita de la cual no sabíamos, pues nunca me hicieron un ecocardiograma, que es la prueba con la cual se detecta. Tras escuchar la noticia sentí que empezaba a vivir una pesadilla. Tuvimos que actuar rápido, ya que la oxigenación de Matías bajaba conforme pasaba el tiempo. En unas cuantas horas ya teníamos en el cuarto un doctor que había volado de la Ciudad de México para poder operarlo lo más pronto posible. La operación no fue exitosa  y tuvimos que irnos en ambulancia al día siguiente a Mérida para otra cirugía de corazón, de la cual salió triunfante. Fue una experiencia muy difícil y dolorosa, y si a ello se agrega que fue en pandemia, el miedo, el dolor y las preocupación de que mi bebito estaba en una situación extremadamente delicada, aumentaron: tu familia quiere estar a tu lado para apoyarte y no puede por la pandemia; tienes miedo que los doctores estén en otros hospitales y por lo tanto más expuestos; temes hasta ordenar de comer y que te puedas contagiar.  Por esta situación, teníamos horas específicas para visitar a Matías. No podíamos cargarlo, ni tocarlo y yo no podía amamantarlo. Fue una situación muy difícil pero salimos triunfantes y el campeón mayor es Matías. 

Enseñanzas. Haber tenido a mi hijo en estos tiempos tan difíciles me ha dejado bastante, y cada día me deja algo nuevo. Nunca pensé odiar tanto al COVID-19. Por este virus no pude ver a mi familia ni tener sus apapachos, y ahora no puedo salir con mi bebé porque está más expuesto que el resto, pero luego respiro y doy gracias por tener con nosotros al ser más precioso de esta vida. Definitivamente el que más enseñanzas y nuevas lecciones nos ha dejado es Matías, porque el virus llegó para quedarse. Si lo miras objetivamente, es algo con lo que se puede vivir si llevamos a cabo las normas y cuidados necesarios. He aprendido a ver la vida de una manera diferente, a ser más agradecida por lo que tengo, a ser más humilde, desprendida y entender más a las personas, pero sobre todo a vivir y disfrutar los momentos: un día soleado, mientras dormimos papá, mamá y bebé juntos, una taza de café, una copa de vino y una buena comida. Tener a tu bebé con vida y sano no tiene precio. 

Ser mamá es algo increíble, no importa si hay pandemia o no. Si por algún motivo te contagias, creo que no hay que caer en pánico; seguir amamantando al bebé es lo mejor que puedes hacer. Las mamás que tenemos un hijo con una cardiopatía o con alguna otra condición podemos llevar una vida feliz, no me queda ninguna duda de ello. Es increíble cómo un ser tan pequeñito te puede enseñar tantas cosas y como tú haces hasta lo que creías imposible por tenerlo sano y feliz. Matías necesita otra cirugía del corazón, pero va tan bien que se está extendiendo el tiempo de espera para poder realizarla».


Almendra Veytia, 33 años. Mamá de Aitana, de 8 meses.

«Estar tranquila y enfocada en mi embarazo en estos tiempos tan difíciles fue todo un reto. La noticia de la pandemia llegó a justo después del cumpleaños número 3 de mi primer hija, Antonella. Viví un mar de emociones. Al principio veíamos al coronavirus como algo lejano, hasta que nuestro doctor nos dijo que no podía haber visitas ni acompañantes en el parto. Fue impactante sentirse tan solos en un hospital y asimilar que estábamos en medio de un virus mortal que atormentaba a todo el mundo.  Pero nuestra buena actitud y confianza me ayudaron a ver más allá de la tormenta:  siempre pensando positivamente y con todos los cuidados y precauciones posibles, pero con un poco de miedo. Aislarnos fue nuestra primera y única opción. 

El momento del parto. Me preparé desde adentro. Hice de mi hogar una trinchera y tratamos de informarnos y sentirnos en calma. Leer, practicar yoga, salir a caminar y pasar tiempo con mi hija fueron las cosas que me ayudaron a enfocarme en el proceso tan lindo de tener a nuestro segundo bebe. Mi parto fue programado, ya que mi primer embarazo fue de alto riesgo por preeclampsia. Todo salió perfecto, pero saber que está a punto de nacer tu hija en medio de una pandemia es más que aterrador. Respirar,  enfocarme  y no ver noticias me ayudaron a concentrarme en estar tranquila. La emoción de tener a tu segundo hijo puede más que cualquier cosa. 

La incertidumbre de la situación. El apoyo de mi esposo y mi familia fueron clave en el proceso. Mi ginecólogo es un ángel que siempre me ayudó a sentirme cuidada, segura y muy confiada en cada momento. Sin él, todo hubiera sido más estresante.

Enseñanzas. En la adversidad te das cuenta del poder que tiene la familia, También entiendes que al ser madre sale de tus entrañas una fuerza poderosa que protege a tus hijos. Eres capaz de superar cualquier cosa por ellos, se afinan tus sentidos y te vuelves una guerrera. Vivir en tiempos de COVID-19 nos ha hecho más agradecidos con todo, a valorar lo que realmente importa y que con muy poco puedes ser feliz. Todo se redujo a lo esencial».


Dulce María, 42 años. mamá de Pedro, de un mes, y de diego, de 9 años.

«El embarazo y el nacimiento de mi hijo durante la pandemia fue vivir algo así como una marea. Durante mucho tiempo habíamos soñado con un segundo hijo, deseo que se cumplió justo en estos tiempos difíciles. Me dio mucho miedo pensar que alguien de nosotros, mi otro hijo o mi esposo se enfermaran. Este momento no fue lo que esperaba y fue muy diferente al primero.

El momento del parto. Todo estuvo muy planeado. Tuve a Pedro por cesárea y todo salió bien. Aunque conocía a la ginecóloga, puedo decir que en este tiempo intimamos mucho más: se volvió mi confidente y un gran apoyo. También tuve soporte psicológico.

Sobrellevar incertidumbre. Puse mi fe en Dios. Mi esposo y mis padres me apoyaron muchísimo. La responsabilidad de cuidar a mi otro hijo también me impulsó a ver las cosa de forma positiva.

Somos solo él y yo. He reflexionado en lo mucho que tengo ahora: salud, un bebé sano, casa, comida. Soy una mujer que volvió a la fe y soy más feliz con menos mundo. Hago mucha introspección y estamos muy contentos de que Pedro haya llegado a nuestras vidas.


Adriana Lizzette Luna Nieves, 36 años. Mariel nació en la semana más complicada de la pandemia. en una semana cumplirá seis meses.

«Cuando comenzó la pandemia, en marzo, estaba en mi 6° mes de embarazo y me encontraba trabajando. Al principio sentí mucho alivio, porque ya no tenía que manejar para ir al laboratorio y ahora podría pasar más tiempo con mi esposo, quien también empezó a dar clases en línea, desde casa, y con mi otro hijo, de 6 años. Cuando la situación se fue agravando entré en un estado de ansiedad; no podía dejar de pensar que me iba a contagiar e iba a terminar en un hospital poniendo en riesgo a mi bebé. Decidí no salir ni a la tiendita de la esquina desde abril. No visité, ni permití que nadie nos visitara y tuve fuertes roces con mi esposo por tomar medidas estrictas de aislamiento, porque él tenía una postura mucho más relajada ante la situación. 

Los últimos dos meses del embarazo transcurrieron entre la tristeza por no poder compartir mi embarazo con nadie fuera de mi esposo e hijo; la angustia de no poder planear el parto, porque todos los hospitales eran una zona peligrosa por los riesgos de contagio; la incertidumbre de no saber si podría tener el apoyo de mis papás; el miedo de que me pasara algo y no pudiera cuidar de mis hijos; un cansancio extremo porque me tuve que hacer cargo de mi hijo de 6 años durante sus clases en línea; seguir trabajando desde casa; la limpieza y el mantenimiento para que siguiera funcionando la casa… Todo ello con una gran panza que apenas me dejaba mover. Pero no todo fue tan gris, durante ese tiempo tuvimos momentos muy divertidos de jugar juegos de mesa, ver pelis y tirarnos al pasto sin hacer nada, los fines de semana, cosas que antes del encierro no hacíamos por el acelere de la vida. 

El momento del parto. Desde febrero había pagado un curso de preparación al parto que tomaríamos de manera presencial, el cual cambió al formato en línea. Jamás logramos conectarnos por las miles de cosas que había que hacer a diario, así que veíamos las clases grabadas cuando podíamos. Yo había planeado un parto natural, considerando la opción de que fuera en casa, justo para no ir a los hospitales. Acordé que el ginecólogo que me atendió durante todo el embarazo iría a atender el parto en casa y que una doula nos acompañaría. Tenía lista una ambulancia por si algo salía mal y necesitábamos ir al hospital. Pero la pandemia nos enseñó que uno no debe planear tanto la vida, porque en la revisión de la semana 38 el ginecólogo nos dijo que debía hacer una cesárea de emergencia debido a que la bebé se movía poco y porque venía de nalgas. Así, en tres horas tuvimos que rehacer todo el plan, buscar un hospital “libre de COVID” en donde nos permitieran que mi doctor me operara. Antes de irme al hospital lloré como una hora, porque tenía miedo de los contagios, terror por la operación, frustración por no haber podido tener el parto que idealicé, preocupación por el costo de la cesárea y porque el único hospital que encontramos que cumpliera con lo que buscábamos era carísimo, lo cual no nos importó y decidimos dar tarjetazo para no exponernos en algún otro lugar público o donde hubiera casos.  Ya que estuve en la cama del hospital con mi batita blanca, vi los árboles en la ventana y el solecito rico de la tarde, y mi esposo me dijo “hoy es un buen día para nacer” y empecé a fluir. Entré al quirófano más relajada y pensando que así tenía que ser. 

Sobrellevar la incertidumbre. Durante mi embarazo no conviví con nadie; y aunque hablaba mucho con mis amigas, amigos y familia, creo que nunca me animé a contar lo asustada y preocupada que me sentía. Con quien sí hablaba era con mi esposo, pero él nunca entendió mi postura: para él la situación nunca fue motivo de tanto estrés como para mí, así que la responsabilidad gigante que sentía por hacer que mi bebé llegara bien al mundo en el pico de la pandemia, la viví prácticamente sola. 

Enseñanzas. Aprendí a que no hay que planear tanto las cosas, porque al final la vida siempre tiene sus propios planes; que nuestra mayor riqueza es la salud, y diario hay que agradecer y procurar nunca perderla; que mi esposo, aún con las grandes diferencias que tenemos respecto a la pandemia, es mi mejor equipo y mi más grande apoyo; que siempre hay que ahorrar; que soy muy bendecida por contar con el amor y apoyo eterno de mis papas, con quienes estuvimos los dos primeros meses de vida de mi bebé, y que sin su ayuda, estoy segura que no habríamos podido con todo (trabajos, cuidado de nuestro otro hijo, comidas, limpiezas, etc.)

Ser mamá de mi «COVI-baby» (como me dicen de broma) es una experiencia que me ha trastocado en muchos sentidos. Ahora se ha instalado en mi un sentimiento de agradecimiento muy profundo por el aquí y el ahora y por todas las bendiciones que me rodean. Y aunque antes las tenía presentes, ahora las valoro como nunca. Además, aunque vivo con el miedo constante de un contagio, he aprendido a confiar más en mi instinto más primitivo, aquel que me hace tomar decisiones de crianza sin buscar la aprobación de nadie más. Si me da desconfianza que alguien cargue a mi bebé, simplemente no permito que se le acerquen y punto. En fin, el hecho de sentirme amenazada constantemente por «algo» que se puede llevar a mis seres queridos, en definitiva me ha hecho estar más alerta, pero también más feliz con mi vida cotidiana».


Claudia Martínez, 33 años. mamá de Regina Sofía Martínez, de 3 meses

«Mi embarazo estuvo marcado por sentimientos encontrados: angustia y emoción. Angustia porque no sabía lo que se avecinaba con la pandemia; emoción porque es mi primer hija y siempre imaginé un lugar encantador para ella, como dónde estaba en ese momento, en Cancún. Para cuando se extendía la pandemia, en mi trabajo me dieron la oportunidad de estar con mi familia en la Ciudad de México. Conforme se siguió extendiendo «el tiempo pandémico»,  tomé la decisión de tener a mi hija junto a mi familia. Al ser parte de la población vulnerable, fue la mejor decisión que tomé.

Sobrellevar la incertidumbre. Hasta la fecha, y como siempre, mi familia  ha sido el mejor pilar para tomar mis decisiones. Ellos me apoyaron desde que supieron que estaba embarazada. Después del parto, han llenado a mi nena de mucho amor y cariño, además de preocuparse por mi por toda esta situación.

Estar con ella me ha llenado de mucha alegría, aunque a veces tenga miedo de no saber qué va a pasar con nosotras si el virus no se erradica (en mi interior, creo que eventualmente todos nos contagiaremos de alguna u otra forma). Ahora soy una mejor persona, con más paciencia, con más amor y con más ganas de luchar por ella».


Daniela Areysha Vargas Rivera, 20 años. Mamá de Sergio Daniel, de 6 meses. 

«Durante mi embarazo me sentí muy frustrada y con mucha ansiedad, ya que el Coronavirus era algo nuevo e inimaginable; nunca pensé que pasaría algo así. También me sentía un poco triste, ya que hubo cosas que no pude disfrutarlas al cien por ciento. Por ejemplo, mi baby shower se canceló y tenía mucho miedo de salir a mis citas médicas y que me contagiara. Muchas cosas catastróficas pasaron por mi mente.

El momento del parto. Al tener Seguro Social, pensé que ahí tendría a mi hijo. Sin embargo, cuando anunciaron que el hospital donde iba a parir sería COVID, decidí buscar otras opciones. Busqué un buen hospital privado y lo encontré, ¡dos días antes de mi fecha probable de parto! Me dieron muchísima confianza, era un lugar muy seguro y limpio, lo cual me dio tranquilidad. Tuve una cesárea programada. 

Sobrellevar la incertidumbre. Toda mi familia y el papá de mi bebé me ayudaron en este proceso. Siempre me calmaron y dijeron que todo estaría bien.

Enseñanzas. La pandemia me ha enseñado ¡a valorar todo! Ahora valoro el tiempo que tengo con las personas que amo. Siento que la pandemia nos unió más como familia y por ello pudimos disfrutar mejor la llegada de mi hijo. Ahora disfruto más las pequeñas cosas como una salida al parque, al cine, a comer o por un helado. Nunca se sabe cuándo será la última vez. 

A veces me siento muy triste por el hecho de que mi bebé no conoce nada ni ha nadie. Es mucha la incertidumbre pero hay que ser pacientes y seguirnos cuidando. He entendido que sin salud no se puede hacer nada». 


Fatima Martínez Valdivia, 28 años. su hija tiene 1 mes con 18 días.

«Yo no tenía planeado embarazarme en este momento. Tengo 28 años, así que mis planes de vida eran otros. La noticia, debo decirlo, fue como un balde de agua fría. No tengo trabajo desde hace un año, por lo que no estaba en as mejores condiciones para traer un bebé al mundo. Entre marzo y abril, cuando tenía tres meses de gestación y la pandemia estaba al máximo, me deprimí mucho porque todo mundo decía que me tenía que cuidar y que no saliera. Me pareció que ello era como una señal de que había tomado una mala decisión: que escogí el peor momento para ser madre. Había días buenos y días malos, pero gracias a mi mejor amiga, mi madre y mi pareja fui asimilando las cosas.

El momento del parto. En mi último mes de embarazo me contagié y mi diagnóstico de COVID-19 fue positivo. Afortunadamente fui asintomática, así que solo le avisé a mi ginecóloga para tomar las medidas. Conforme se empezaba a acercar la fecha del parto, empecé a estar nerviosa; hasta soñaba que me daban contracciones, las cuales nunca llegaron, ya que en la última cita médica mi doctora me dijo que mi bebé se estaba quedando sin liquido, así que tuvieron que programarme una cesárea, que decidí que fuera ese mismo día, sobre todo para no estar prolongando los nervios.

La incertidumbre de la situación. Las personas que siempre han estado conmigo son mi mejor amiga y mi madre, ofreciéndome su apoyo y consintiéndome lo más que podía.

Enseñanzas. Los milagros si existen: mi bebé es esa luz que le hacía falta a mi vida. Ahora entiendo el verdadero amor de madre.


Jafad Karim Sosa Castañeda, 27 años. Su hija tiene 10 meses.

«Mi hija nació el primero de febrero del 2020. El tiempo de embarazo fue algo inesperado y único. Sentí conexión con otra vida enlazada a mi cuerpo.

El momento del parto. Tuve un parto complicado. Me preparé pensando en lo feliz que era por tener cerca a mi hija, pero fue un día doloroso. Sin embargo, al nacer mi hija comprendí algo distinto: el amor incondicional.

La incertidumbre de la situación. En ese momento no había incertidumbre por la pandemia. La mía era por no saber lo qué vendría al convertirme en mamá, como los desvelos. No sabíamos casi nada sobre el virus hasta que mi nena cumplió un mes. En ese momento todo estalló y se hizo angustiante no saber cómo protegerla.

Enseñanzas. Mi hija cumple diez meses y ha sido un tiempo de no salir al exterior. Me duele que ella tenga que vivir este momento sin tener tanto contacto con lo que pasa allá afuera. Me gustaría poderla llevar a la playa o a muchos parques. Me preocupa que no puede ver a toda su familia, pero también he aprendido a establecer conexión con ella. Aprender en la incertidumbre es sumamente triste y a veces desesperante. Pero en mi hija encuentro un equilibrio de amor.

Hace un mes más o menos salí a comer con mis padres y hermanas a un lugar despejado y con todas las precauciones, y mi hija vio a una niñita como de dos años. Mi hija estaba feliz y curiosa, brincaba de felicidad porque la otra niña le sonreía y la saludaba. Creo que la amistad es un valor único en la vida y quiero que todo esto pase para que mi hija pueda crear esos vínculos.


Alejandra Dimas, 35 años. Mamá de Ana Victoria, de 2 meses y 3 semanas. 

«El embarazo es, en sí mismo, una montaña rusa de emociones. Al añadirle la incertidumbre y la preocupación de vivirlo en medio de una pandemia, mis sentimientos se multiplicaron; tanto los positivos, como el amor infinito e ilusión de tener en mi un pequeño ser humano, y los inevitables negativos como la tristeza, el miedo y la frustración por estar prácticamente en cuatro paredes para protegerme, con salidas únicamente a las consultas médicas. 

El momento del parto. La preparación para nuestro embarazo inició mucho antes, ya que “planeamos” cuándo sería el tiempo adecuado para esto. Nos preparamos económicamente para afrontar los gastos que se pudieran presentar y también preparamos nuestro cuerpo para recibir al bebé, haciéndonos exámenes médicos para verificar que todo estuviera bien, con ejercicio, siguiendo una buena alimentación, tomando vitaminas, etc. Cerca del momento del parto hablamos con nuestra ginecóloga para realizar un plan, el cual no sucedió como pensaba . Estaba lista mental y físicamente para un parto natural, abierta a la opción de usar epidural. El momento llegó a las 40.1 semanas, la madrugada del 8 de septiembre. Los ejercicios que según yo realizaría se me olvidaron, pero pase cada hermosa contracción de la mano de mi esposo. Me llevaron a la sala de expulsión sola, ya que ante la situación no permitieron que mi esposo me acompañara. Estaba lista para pujar y recibir a mi bebé, pero la doctora me informó que iba a ser necesario realizar cesárea ya que no estaba dilatando lo suficiente y mi bebé no estaba bajando. En menos de media hora tuve a mi bebé en brazos, besando sus cachetes calientitos y pegándola a mi pecho.

La incertidumbre de la situación. Mi esposo fue la persona con quien viví al cien cada emoción; desde las buenas, hasta las no tan buenas. A la distancia me acompañaron mi mamá, mis primas hermanas y mis amigas muy cercanas, quienes mediante mensajes y videollamadas alegraron mis tardes. 

Enseñanzas. He aprendido que los planes no siempre resultan y que en medio de una situación tan difícil siempre habrá motivos para agradecer y sonreír. Somos seres vulnerables, pero también súper fuertes, porque cuando sientes que ya no puedes más es cuando más fuerza sacas. El amor es la fuente de toda esa fuerza. 


Daniela dorantes, 30 años, espera a eduardo en febrero de 2021.

«Durante la pandemia he tenido oportunidad de vivir mi embarazo más intensamente. Ha sido duro el encierro, pero he vivido todos los momentos con mi esposo y nos ha acercado mucho más como pareja. Tomamos la decisión de salir lo menos posible, lo que ha implicado vivir una experiencia más intima para nosotros, pero me pesa no poder compartir esto con mi familia y amigos de manera directa, solo de forma virtual .

En el ámbito laboral, el trabajo a distancia se ha vuelto muy demandante, y ello me obliga a permanecer muchas horas sentada frente a la computadora. Esto me hace perder, de cierta forma, el control sobre mis tiempos, por lo que ha sido un gran reto mantenerme activa y evitar el sedentarismo, así como aprender a separar el horario de trabajo de los momentos para mi, para estar en pareja, con mi familia y con mi bebé.

Esta experiencia me ha hecho valorar muchos aspectos de mi vida que daba por sentados y a cuestionarme qué futuro estamos construyendo y queremos dejar a nuestros hijos«.

Las experiencias del embarazo y el nacimiento son, en sí mismas, física y emocionalmente muy fuertes, y vivirlas en medio de una pandemia puede resultar abrumador. Muchas mujeres que han parido durante estos meses han sufrido ansiedad, miedo, tristeza y vivido pequeños duelos, como no poder hacer todo lo que imaginaban durante la gestación y el postparto: estar rodeadas de familiares y amigos, recibir visitas e incluso no poder estar acompañada en las visitas médicas o en el propio parto, momentos en las que las mujeres necesitan sentirse acompañadas, nos dice la Doctora en Psicología Perinatal e Infantil, Carla Pérez Martínez.

Una vez con el bebé en brazos, las mamás ahora deben enfrentar el periodo crítico llamado postparto, cuando todavía está bajo los efectos hormonales, en la recuperación de su propio cuerpo, en la adaptación a su hijo y en la transición a la maternidad. Si bien necesita dedicarse a su bebé, no debe olvidarse de ella misma.

Es recomendable que escuchen lo que su cuerpo e instinto les dicen, las necesidades particulares del recién nacido y que se no comparen con otras mamás ni hagan tanto caso de los comentarios de otros. Si los momentos difíciles son demasiados, les invade la tristeza o el miedo, la especialista sugiere pedir ayuda profesional.

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Periodista independiente, editora especializada en temas de bienestar, crianza, maternidad, estilo de vida y gastronomía, mamá de un niño de ocho años, aprendiz de fotógrafa, foodie y apasionada de la música. Sus historias han sido contadas en revistas y sitios como Vanidades, Baby Creysi, La Lista, bbmundo, todobebé, Glamour, Marie Claire, Life & Style, GQ México, Good Housekeeping México, especiales de Milenio y Padres e Hijos.

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