crianza, Peques
Deja un comentario

¿Qué es el adultocentrismo y cómo impacta en las niñas y niños?

Entre prisas, reglas sociales y exigencias adultas, muchas veces olvidamos algo esencial: la infancia necesita juego, movimiento, conexión y espacios seguros para desarrollarse plenamente.

Por Silvia Tapia Flores, fundadora de Nidos de amor.

Vivimos en ciudades con pocos espacios para jugar; restaurantes, aviones o espacios públicos donde el llanto incomoda, donde las risas de una niña pueden molestar, donde el brinco de un niño provoca fastidio. En casa, el ritmo siempre está definido por el trabajo, las notificaciones en el celular, los compromisos de papá y mamá.

El adultocentrismo es parte casi invisible de un sistema en el que las necesidades de los adultos (orden, silencio, rapidez) están siempre por encima de las necesidades de la niñez, ya sean biológicas, emocionales o de desarrollo.

Estoy convencida de que quiero que mis hijos tengan una primera etapa de vida feliz; y para ello es indispensable cambiar nuestro enfoque. Hoy quiero plantear un camino para lograrlo a través de la disciplina positiva y, sobre todo, del entendimiento del desarrollo de nuestros peques, aunque afuera todo se haga en torno a la “tranquilidad” de los adultos.

No esperar que su cerebro sea el de un «adulto pequeño»

El cerebro de un niño o niña es radicalmente distinto al nuestro. La corteza prefrontal, que se encarga del control de impulsos, no termina de desarrollarse sino hasta cerca de los 25 años.

Cuando un niño o niña corre o grita en un lugar «inapropiado» o no puede quedarse quieto, no es por ser rebelde o maleducado(a); está respondiendo a su necesidad neurobiológica de movimiento. Un niño o niña feliz en un entorno adultocentrista se enfrenta a críticas como “travieso”, “maleducado”, “latoso”; mientras mamá es una “desobligada” “que no sabe educar”.

Mi consejo es no prestar atención a esas aseveraciones. Mientras las personas juzgan desde el pensamiento adulto, nosotros sabemos que estamos respetando los procesos de crecimiento de nuestros peques y que, aunque les explicamos reglas y ponemos límites, no vamos a coartar su desarrollo neurobiológico porque algunos se molesten por su presencia.

Cambiar el control por la conexión

La disciplina positiva nos enseña que una de las necesidades principales de nuestros hijos e hijas es el sentido de pertenencia, saber que su presencia es importante para la familia e incluso para su entorno es importante para su desarrollo con seguridad y autoconfianza. Sin embargo, en un mundo adultocentrista, al niño o niña se le dice constantemente qué hacer, cómo sentirse, cuándo callar… lo que anula su sentido de importancia.

Para fomentar la felicidad en tu peque:

  • Involucra, no impongas. En lugar de darle órdenes, ofrécele opciones, sólo que limitadas. «¿Quieres ponerte la pijama roja o la azul?». Esto le devuelve el poder personal, sabe que su opinión es importante y refuerzas su sentido de pertenencia.
  • Valida la emoción. «Entiendo que estés triste porque tenemos que irnos del parque». Validar no es ceder, es acompañar. Cuando una niña o niño se siente comprendida(o) desarrolla una resiliencia mucho más fuerte.

El juego como lenguaje universal

Para un adulto, jugar es «perder el tiempo»; para un niño, es su forma de entender el mundo. La felicidad de niñas y niños está directamente ligada a la libertad que tienen de explorar y jugar.

Nuestra realidad está diseñada para la productividad, por eso, regalarle a tu hija o hijo 30 minutos de juego no dirigido (donde ella o él mande y tú sigas su lógica) es un gran acto de amor y respeto a la etapa de su vida en donde el juego tiene más importancia de la que cualquier adulto pueda creer.

Crear lazos en medio del caos

Hacer feliz a tu peque no requiere de viajes costosos ni juguetes tecnológicos, sino de presencia plena (que guardes el celular para mirarle sus ojos), ritmos más lentos (donde tu peque pueda observar una hormiga, ver caer una gota de agua… y respetemos sus tiempos con amor) y espacios seguros, en donde se sepa amado o amada e incluso sus errores sean una oportunidad para aprender y no un motivo de castigo que impondría cualquier adulto que no tiene paciencia.

Romper con el adultocentrismo que vivimos cotidianamente es un reto de todos los días, porque implica ir un tanto en contra de lo establecido.

Cuando dejamos de exigir a las niñas y niños que se comporten como adultos para cumplir con expectativas sociales y empezamos a disfrutar de su esencia infantil, la dinámica diaria que etablecemos con ellos y ellas cambia para su beneficio.

Las mamás tenemos la responsabilidad de dar a nuestros hijos e hijas la seguridad de ser importantes y valiosos en medio de un mundo centrado en el adulto. Recuerda que para hacerlo es importante priorizar a tu peque por encima de las dinámicas sociales establecidas en torno a los “grandes”.

silvia tapia flores

Educadora en Disciplina Positiva por la Positive Discipline Association y fundadora de Nidos de amor.

Instagram: @nidos.de.amor

Deja un comentario